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6/1/17

¿Más que amigos? Por JDu__1990

Hacía ya un mes desde que "perdí" la apuesta con Saúl, Pablo y Adri. Pero Adri, desde aquel día, me evitaba por todos los medios. Nunca había un momento en el que estuviese a mi lado más de 10 segundos, aunque en algunas ocasiones le había visto mirándome en clase. Adri es un chico de complexión normal, 1'72 de alto, pelo negro, piel morenita, barba corta, labios carnosos y unos ojos marrones preciosos. Intenté varias veces hablar con él en persona pero no hubo manera de conseguirlo.

Hasta que unos días después, recibí un mensaje en Whatsapp.

**Conversación de Whatsapp**
Javi, ¿podrías venir a mi casa esta tarde por favor? Tengo que decirte una cosa.

Puff, no lo se, estoy un poco liadillo hoy :/ ¿No me lo puedes contar por aquí?

No, tiene que ser en persona. Por favor Javi, es urgente.😥

Vale, en 45minutos estoy allí.

Gracias...
**Fin de la conversación de Whatsapp**

Al leer el mensaje dejé el móvil en la cama, cogí ropa limpia y me fui al baño. Estuve pensando en la conversación mientras me duchaba. ¿Qué era eso tan urgente que me tenía que decir?¿Por qué tenía que ser en persona?¿Y por qué se le notaba tan raro? Cuando salí de la ducha me sequé, me vestí y me encaminé a casa de Adri.

Cuando llegué me abrió la puerta y me saludó con una expresión como de tristeza. Me recibió en camiseta de tirantes, pantalón corto y chanclas. Yo le devolví el saludo y me dijo que fuésemos a su habitación. Allí nos sentamos en su cama.

-Bueno, ¿qué era eso tan importante que me tenías que decir, Adri?-le pregunté.
+Verás, es que....desde hace un mes me siento muy raro.-me dijo.
-¿Cómo qué raro?
+Sí, raro. Desde hace tiempo estoy sintiendo cosas...que no sentía por los chicos... Y...-se queda un rato callado y me dice tímidamente- tú me...gustas. Entiendo que si ya no me quieres hablar, lo hagas pero a mí no me gustaría...-al acabar la frase, bajó la cabeza y se quedó mirando el suelo, como avergonzado.

Yo me quedé en shock no me esperaba esto para nada.

-Adri, no tienes que preocuparte por eso, no voy a dejar de hablarte.
Él, al escuchar estas palabras, dirigió su mirada a la mía y yo aproveché, le agarré de la barbilla y le besé.

+¿Y esto?-me preguntó sonrojado-¿Te gusto?

-Me llevas gustando un año, pero no te había dicho nada porque creía que eras hetero y que no tendría posibilidades.

+Eso pensaba yo también hasta que pasó lo de la apuesta. Saúl y Pablo me pusieron cachondo, pero tú mucho más-me dijo mientras me daba un pico-¿Quieres salir conmigo?
-Por supuesto que sí-y nos besamos apasionadamente durante un buen rato.

Adri besaba muy bien. Movía de forma correcta la lengua y eso me excitaba mucho. Mientras nos besábamos dirigí mi mano a su paquete y lo agarré. Adri la tenía como una piedra. Él, que no se lo esperaba, dio un respingo y se separó.

-Vaya, parece que no solo tú te alegras de tener novio-le dije con voz sexy.
+Cállate-me dijo sonrojándose-Además, tú estás igual-y me agarró también el paquete-Anda, ponte de rodillas-dijo guiñándome un ojo de forma pícara y con una sonrisilla.

Yo, rápidamente, sabiendo qué significaba eso, hice caso a Adri y me puse de rodillas justo delante de su entrepierna. Él se levantó y se bajó los pantalones dejando a la vista su gran bulto en los bóxers negros que llevaba. Me cogió de la cabeza y la pegó a su paquete. Empecé a lamer su polla a través de los calzoncillos, dando a veces algún mordisquito, que hacía que Adri gimiese de placer. Después de un rato haciéndoselo tenía los calzoncillos llenos de presemen, entonces volvió a agarrarme la cabeza y me la separó de su rabo.

+Chúpamela ya por favor, me va a reventar al final-me suplicó.

Yo, obediente, le bajé los bóxers, liberando su polla de 17'5cm. Y ahí tenía ese manjar que llevaba esperando 1 año, con su delicioso aroma, justo delante de mi cara con unos perfectos y peluditos huevos colgando. Adri se volvió a sentar en la cama y sin pensármelo dos veces, agarré su polla y pasé la lengua lentamente desde los testículos hasta la punta, saboreándola entera, lo que hizo que Adri se estremeciese. Cada gemido que Adri soltaba cada vez que me tragaba su polla me llevaba al paraíso. Amaba tener su rabo en la boca, era el mejor que me había comido en mucho tiempo. 

Después de estar chupándosela un rato miré a Adri: Tenía los ojos cerrados y empezó a contraer los músculos del abdomen y las piernas. Yo sabía lo que eso significaba pero no quería que ocurriese. No tan pronto al menos.

+¿Por qué paras?
-No quiero que te corras ya, quiero disfrutar más de ti.

Él se levantó y se quitó la ropa por completo y yo hice lo mismo.

+Siéntate, ahora me toca a mí comértela.

Le hice caso. Adri se puso de rodillas y empezó a lamerme la polla. Se notaba que era su primera mamada. Intentaba imitar los movimientos que había hecho yo mientras se pajeaba, llenando el suelo de presemen. Esto le excitaba más que a mí. Recibir sexo oral no me ponía mucho y él se dio cuenta.
+Ponte a 4 patas, inclinado hacia abajo.

Yo, sumiso, lo hice. Al instante noté un azote de Adri y su lengua recorriendo todo mi culo, acabando en el centro. Ahí empezó a lengüetear y a besar haciendo que me estremeciese de placer. Después de un rato me metió un dedo haciendo círculos. De pronto, tocó un lugar dentro de mí que hizo que de mi boca saliese un ronco gemido de puro placer. Entonces metió un segundo dedo y comenzó a hacer un movimiento de tijeras, tocando otra vez ese punto que me hacía gemir tan fuerte.

-Javi, si gimes así con mis dedos, como lo harás cuando te la meta?-soltó una pequeña risita y metió un tercer dedo.

Jadeé muerto de placer. Me daba igual que me rompiera en dos o que mañana no pudiera andar, lo quería.

-Adri. Ya. Hazlo.-dije con la voz empapada de deseo.
+¿Tantas ganas tienes de mí, Javi?-me besó en la espalda y sentí como sonreía contra ella.
-Adri… ¡Métela ya!.

Me cogió del mentón para poder besarme, a la vez sentí su polla junto a mi entrada y a continuación como entraba lentamente.

-Hgmmm!!!- gemí. Dolía bastante a pesar de toda la preparación, además de que su polla pequeña no era.
+¿Estás bien? -paró preocupado por mí.
-Mmmm… Si, sigue, pero ve despacio… - Volvió a entrar despacio, conteniéndose totalmente.
+Ya está toda dentro. Voy a moverme ¿vale?

Empezó a salir y a entrar de mí lentamente. Poco a poco me fui acostumbrando y también ayudaba que cogiera mi polla y empezase a acariciarla. Al poco comencé a mover las caderas por inercia.

-Adri, más rápido…

Él empezó a follarme más fuerte. Estaba en pleno éxtasis, sentía que me iba a correr y no llegaba a hacerlo, sintiendo más y más placer. Las embestidas pasaron a ser fuertes caderazos que llegaban más y más hondo en mí, arrancándome gemidos y gritos de placer.

-¡A-Adri! ¡Me corro!
-Ja-Javi…Sólo…Un po-co más-dijo cortando las palabras por los profundos jadeos.

Me embistió profundamente haciendo que me corriera en su mano y contrajera todo mi ser. Se llevó la mano llena de mi semen a su boca y la lamió. Entonces sentí como se corría dentro de mí mientras de su boca salía mi nombre. Se tumbó a mi lado, los dos estábamos sudados y jadeantes. Se giró hacia mí y nos besamos apasionadamente.

+Javi, te quiero.
-Y yo a ti.
+Hoy no hagas ningún plan. Te quedas a dormir aquí.
-¿Y tus padres?
+Se fueron ayer de vacaciones una semana, estaremos solo tú y yo-me dijo con una sonrisa pícara.
-Me parece genial entonces.

Y así, nos quedamos los dos dormidos, exhaustos.


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4/1/17

El campamento de verano – Por JDu__1990

Todos los campamentos de verano tienen algo en común: son inolvidables. Ya sea por lo bien que lo pasamos con los amigos, por las actividades que realizamos o por cómo, de una manera inesperada, empezamos a descubrirnos a nosotros mismos. El estar lejos de nuestros padres nos empuja a descubrir nuestra sexualidad y a hacer cosas que nunca habríamos hecho.

Para un adolescente gay como yo, pasar un verano rodeado de chicos es todo un privilegio. Actividades tan simples como bañarnos en el río o cambiarnos en nuestra cabaña suponen una paja en la oscuridad de la noche, cuando todos duermen, cuando nadie me ve. Además en estos meses calurosos mis compañeros y yo dormimos casi desnudos, de esta manera podemos disfrutar de nuestros cuerpos.

Cada cabaña está formada por grupos de tres chicos, yo por ejemplo comparto habitación con Diego y David, dos chicos de mi instituto. Los dos son totalmente diferentes: Diego es posesivo, altanero, no se depila y es muy atractivo .Es capitán del equipo escolar de fútbol y se le conoce por ser un conquistador nato. Mientras que David tiene poco pelo y es un chico un poco tímido, alto y que destaca poco.

Un día, después de pasar todo el día pegándole patadas a un balón, decidimos ir al río para tomar un baño. Una vez allí decidimos jugar a un juego muy peligroso y excitante:

-Eh chavales, ¿qué tal si jugamos a tirarnos desde allí arriba?-Propuso Diego a la vez que señalaba lo alto de un acantilado.
-No creo que podamos-Dije.
-No seas marica Javi ¿A qué estás de acuerdo, David?
Pero no respondió, se limitó a agachar la cabeza y dejar que Diego sacara sus propias conclusiones.
-Ves Javi, David está de acuerdo-Bromeó.

Como siempre al final hicimos caso a Diego y subimos hasta lo alto del acantilado. Desde ahí arriba se podía ver como el río se extendía imponente bajo nuestros pies. Diego empezó a quitarse la ropa, primero la camiseta y después los pantalones. En pocos segundos se quedó en unos bóxers de color blanco que marcaban su paquete. Imaginaba que no se iba a quitar más, pero para mi sorpresa dejó su polla al aire. Al darse la vuelta nos mostró su culo bien formado, lleno de pelo y respingón.
No pude quitarle la vista de encima. Estaba hipnotizado mirando como su polla se balanceaba en su entrepierna. Era una polla de un tamaño considerable a pesar de estar dormida, tenía ganas de chupársela delante de David. 

No había sentido nada igual en mi vida, mi polla se puso durísima y se notaba por encima del bañador que llevaba. Lo peor es que Diego se dio cuenta de mi erección y decidió jugar conmigo.

-Tranquilo Javi, mi polla también se alegra de verte-bromeó a la vez que sacudía su polla.

Me sentí tan asustado por ese comentario que me quedé en silencio un buen rato. Él siguió sobándose la polla mientras miraba hacia el río, era consciente de que yo estaba empalmado y que obviamente era por su cuerpo desnudo. La situación era muy intensa y extraña, no sabía si su actitud era una invitación o solo me estaba probando. Mis dudas se disiparon cuando, con su polla en la mano, me guiñó un ojo y me invitó a acercarme. Yo, sumiso, lo hice.

-¿Te gusta lo que ves?-dijo.-Acércate y tócala, no tengas miedo.

Tembloroso me acerqué hasta Diego tocándome el paquete. David nos observaba desde el fondo en silencio. Me quedé de piedra en frente suyo mientras él seguía pajeándose.

-Vamos tócala-insistió.

Dudé un momento hasta que me decidí a tocarla. Me gustó sentirla en mi mano. Era enorme, gordita y con bastante pelo, podía sentir la sangre corriendo dentro de ella y eso me excitaba.

-¿Te gusta mi polla?-Preguntó mirándome a los ojos.

Estuve a punto de decir que sí, pero era demasiado tarde. Diego me había arrebatado su polla de las manos y estaba abrazado a mí. No entendía porque me abrazaba pero me mantuve en silencio mientras sentía como su polla desnuda acariciaba la mía por encima del bañador. Entonces me preguntó:

-¿Sabes volar?
-¿Qué?-respondí.

Instantes después comprendí porque me hacía esa pregunta y porque se abrazaba a mí, pero fue muy tarde. Sentí como mis pies se levantaban del suelo y como Diego y yo caímos al agua. Fueron unos segundos de caída, el corazón me iba a mil pero no sólo por el salto, sino por tener a Diego empalmado, con cierto olor a sudor, tan cerca de mí. Segundos después caímos. Lo primero que vi al salir del agua fue la cara de Diego, estaba desnudo, empapado y unido a mí.

-Al parecer sí que sabes volar-me dijo riéndose. Después de ese comentario unió sus labios a los míos. Fue un beso largo, húmedo y apasionado.

 Diego besaba de maravilla. Sentía como su lengua se movía dentro de mi boca, era una sensación apasionante. Entonces buscó mi entrepierna debajo del agua y metió su mano en mi bañador. Sacó mi polla fuera y sentí como el agua la inundaba de una manera refrescante. Empezó a pajearme y yo hacía lo mismo con él.
Era una sensación increíble. Nunca me habían hecho una paja debajo del agua y él lo hacía bastante bien. Estuvimos un buen rato besándonos y pajeándonos hasta que me preguntó si quería salir del agua, asentí sabiendo lo que eso significaba. Fuimos detrás de unas piedras y seguimos besándonos un buen rato.

-Será mejor que nos vayamos ya-dije separándome de sus labios.
-No-intervino él-no me puedes dejar a medias. Quiero follarte aquí mismo.

A continuación se agachó y empezó a chuparme la polla. Era una bestia, se notaba que era su primera vez chupando una polla. Usaba los dientes, se le salía de la boca, casi vomita en varias ocasiones…aun así me estaba dando placer como nunca antes. La práctica hace al maestro y Diego aprendía rápido. Sus lametazos eran cada vez más placenteros llegando incluso a provocar algún que otro chillido por mi parte. Solo podía pedirle más y más. Pero creí que era conveniente cambiar de posición.

-Para-le dije.

Él se levantó mirándome fijamente. En ese momento yo me puse de rodillas y empecé a succionar sus huevos, no estaban depilados y eran simplemente perfectos. Poco tiempo después pasé a su gran polla sin circuncidar de unos 18cm  y chupé su capullo durante unos minutos. Diego gemía, gritaba y me pedía más a la vez.

-Oh sí Javi, me encanta! Cómetela toda!
-¿Te gusta, eh?-dije- Quiero que te corras en mi boca.
-Joder que bueno eres cabrón. Quiero que me la chupes hasta dejarme los huevos vacíos, quiero descargar mi semen en tu boca.
-La tienes enorme, no me cabe en la boca.
-Claro que sí te cabe-dijo a la vez que tiraba con fuerza de mi cabeza introduciendo toda su polla en mi boca. Me llegaba hasta la garganta y me provocaba arcadas, pero podía oír los gritos de placer de Diego así que decidí no sacármela de la boca. Seguí chupándosela un buen rato, hasta que decidimos ir más allá.

-Quiero que me folles-le supliqué.

Él me hizo levantar y me llevó hasta una roca. Me puso de espaldas sobre ella y me dijo que abriese las piernas todo lo posible. Mi culo quedó totalmente abierto mientras esperaba a que me la metiera.
Sentí su lengua fría tocándome las nalgas y luego el ojete, era mi primer beso negro. Se le daba mejor chuparme el culo que la polla. Yo gemía y le pedía que me la metiera ya, pero él seguía lubricándome el ano con su saliva. Escupía en mi ojete y luego en sus manos para lubricarse la polla. Hizo esto un buen rato hasta que mi culo estuvo tan abierto que podía sentir su lengua dentro de mí.

-¿Estás listo?-preguntó con cierta dulzura, esa era una faceta de Diego que no conocía.
-Sí-respondí tímidamente.
-Primero solo la punta, para que te acostumbres.

Mi culo virgen sintió como un invitado inesperado intentaba entrar en él. La saliva de Diego ayudó a que su nabo se colara en mis nalgas. Sentí como su capullo entraba en mi ano despacio, con dulzura y cuidado. Solté un gemido al sentir su contacto con mi piel.

-Tranquilo-dijo haciendo un descanso y dándome otro beso.

Después volvió a introducir su polla poco a poco dentro de mí. Después de varios intentos entró completa. Sentía que el culo se me iba a caer a trozos pero me gustaba. Empezó a moverse ligeramente hacia atrás y hacia adelante y cuando hacía esta acción me invadía un sentimiento de dolor y placer mezclado. Me gustaba sentir sus embestidas cada vez más rápidas.
-Sí Diego, reviéntame el culo!
-Quiero correrme dentro de tu culo Javi, eres increíble.

El dolor, al igual que el placer, era cada vez mayor. Mis gritos se podían escuchar a kilómetros pero no tenía miedo de que nos pillaran. Diego gritaba tanto como yo, era una follada bestial, intensa y profunda. Sentía como se escapaban gotas de semen de mi polla aun sin pajearme, así que aproveché el momento para hacerlo. Me corrí mucho antes que él.

Diego me avisó de que había llegado el momento de correrse, así que me incliné bastante para que toda su corrida se quedara dentro de mi culo. Diego empezó a gritar y gemir como loco y momentos después sentí como una ola de semen caliente se apoderaba de mi culo. Era una delicia sentir como los chorros de su semen llenaban mi ano. Fue una corrida larga y tras varios espasmos se detuvo. Se sacó la polla de mi culo y la llevó a mi boca. Estaba caliente por su semen y por el roce con mi culo.

Estábamos sucios y muy sudados, así que decidimos volver al río. Allí nos besamos y tocamos durante mucho tiempo. Diego me decía que le había encantado y que teníamos que repetir y yo que él era genial. Después de varios minutos besándonos, escuchamos un ruido. Nos separamos y miramos en dirección a las rocas, allí estaba David masturbándose y mirándonos. Cuando se percató de que lo habíamos visto se guardó la polla y salió corriendo. Diego salió del agua como pudo y, corriendo, fue tras él. Pocos minutos después volvió con David, y lo traía a empujones. Pude ver como el torso desnudo de Diego se contorneaba al empujar a aquel pobre chaval.

-Está mal espiar a los demás-dijo Diego-Y más aún cuando están follando.
-Lo siento-contestó David aparentemente afectado por aquella situación.
-¿Crees que se lo contará a alguien?-dije.
-No creo, es más, se unirá a nosotros tarde o temprano-respondió Diego sellando los labios de David con un intenso beso. Este respondió apartándose de él rápidamente, pero Diego volvió a sujetarlo fuertemente y besarlo otra vez.

Pocos minutos después David se dejaba guiar por los labios de Diego, estaba disfrutando incluso más que yo con esos besos. Al ver aquella escena me llené de celos pero mi excitación era tal que empecé a masturbarme debajo del agua. Estaba tan excitado que podía correrme en cualquier momento. 

David empezó a tocar la polla de Diego y no aguanté más, salí del agua y fui hasta donde estaban ellos. Después le arrebate la polla de Diego a David de las manos.

-Parece que alguien está celoso-dijo Diego lleno de orgullo.
-Un poco-respondí.
-Hay polla para todos-concluyó Diego.
Aquella frase, a medio camino entre la chulería y la arrogancia, hizo que me encendiera por dentro así que me puse de rodillas y empecé a chuparle la polla, estaba aún mejor que la primera vez. David se agachó junto a mí y con una mirada me pidió permiso para compartir aquella polla. Chupamos por turnos cortos, escuchando los gemidos de placer de Diego. David se había sacado la polla y estaba pajeándose a la vez que chupaba, pronto Diego nos dijo que paráramos y nos llevó hasta las rocas, Allí David se abrió de piernas.

-Esto te va a gustar-le dije.

Diego lo abrió de piernas mientras que yo me coloqué en la parte superior de la piedra para que me la chupara mientras lo follaban. Cambiamos de posiciones varias veces hasta que me tragué la corrida de ambos después de que me follasen los dos, y después nos dimos un baño en el río. 

El verano sólo acababa de empezar. Nuestros tríos se repitieron durante todo el verano en nuestra cabaña y también llevábamos nuestra pasión fuera de aquel campamento.


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28/9/14

Una tarde de estudio

Victor era el chico perfecto. Era muy buena persona con todo el mundo, amable y trabajador y siempre lo adornaba todo con esa sonrisa tan cálida y verdadera. En cuanto a su físico: Jo-der. Era alto, de pelo corto y castaño, ojos grandes y oscuros y unos labios gruesos que daban ganas de morder y alimentarse de sus besos. Su complexión era atlética, de espaldas anchas y fuertes, con los músculos bastante desarrollados para un chico de 16 años y con vello también bastante desarrollado para su edad. Ese punto de madurez era lo que me daba tanto morbo.

 Siempre nos habíamos llevado muy bien, pero nuestra amistad no salía de las clases. Y las clases fue lo que nos llevo a lo que vais a leer a continuación.
Se acercaba el fin de curso y en todas las asignaturas nos pedían trabajos finales en grupo, y resultó que me tocó con Víctor en uno de ellos. Trabajábamos muy bien juntos y yo estaba encantado de estar tanto con él, aunque tenía que procurar que no se diese cuenta de que le miraba más a él que al trabajo. Trabajamos muy duro, pero claro, el trabajo en clase no era suficiente. Llegó el día antes de la presentación y teníamos que prepararla así que esa misma tarde quedamos en su casa, aprovechando que no había nadie para poder estudiar a gusto.

Estuvimos trabajando unas horas hasta que hicimos un descanso. Había notado que Víctor estaba especialmente cariñoso conmigo, quiero decir, me abrazó cuando llegué a su casa, aprovechaba cualquier tontería para tocarme en forma de broma y demás. Y a mí no me importaba para nada. Pero no quería pensar nada raro ya que por lo que sabía, era hetero. Aun que yo para él también lo era.

Se levantó un momento y desapareció de la habitación. Suponía que había ido a buscar algo. Repasé con la mirada la habitación, era bastante sencilla; lo que más ocupaba era una cama de matrimonio que era donde dormía. Me senté en ella y al pasar la mano sobre la almohada noté algo duro, la levante y… no podía ser. Me encontré un consolador. Era surrealista. Víctor era de lejos al que menos me podría imaginar con uno de esos. Y eso hizo que mi parte más sucia despertase. Ya no quería estudiar más. Creo que nos lo íbamos a pasar mejor de otra forma.

Cogí el juguetito, lo guardé en mi bolsillo y salí de la habitación. Me dirigí al lavabo para prepararme pero cuál fue mi sorpresa cuando abrí la puerta y me encontré a mi amigo meando con los pantalones y calzoncillos bajados hasta los tobillos. Por un momento contemplé su culazo y sus piernas fuertes y con una fina capa de vello. Joder que bueno estaba. Parecía que no se había dado cuenta de mi entrada así que saqué el vibrador y me acerqué sigilosamente por detrás. Las últimas gotas habían caído en el agua y justo me puse detrás suyo mientras respiraba suavemente en su cuello y apoyé el juguete entre sus nalgas. Esto hizo que diese un bote y se girase y en cuanto me vio comprendió la situación.
-Veo que te lo pasas bien cuando estás solo, ¿eh?- Dije sonriendo.

Victor se quedó un poco parado y tras unos segundos para entender lo que pasaba, miró para abajo, donde su pene empezaba a marcarse bajo la camiseta que lo tapaba.
-…eso parece… aun que me gustaría más que alguien se lo pasase bien conmigo… - dijo con una sonrisa que hacía su boca más apetecible que nunca.
Cogí aire y empecé a comerle la boca mientras él me agarraba del pelo y yo acariciaba su culo y su espalda. Empezamos a caminar tambaleándonos hasta que llegamos a su habitación, donde él se quitó la camiseta dejando ver su glorioso cuerpo al completo, y me quitó en un momento mi camiseta, pantalones y ropa interior, que chocaron con la pared.


Nos subimos a su cama y me tiré encima de él comiéndole los labios y acariciando sus músculos. Empecé a darle chupetones por todo el cuerpo, cuando se le iluminaron los ojos y me paró para decirme:
-Oye, ya has visto mi juguete… ¿Por qué no demuestras que lo sabes hacer mejor?- Acto seguido se puso a cuatro patas con el culo en pompa, dándome una magnífica vista de sus nalgas terciopeladas y de su rosado agujero que ya empezaba a abrirse del calentón.


Empecé a meter el dedo índice por su ano mientras escupía dentro para lubricar. Tenía la cara cerca de su culo y huelo ese olor tan característico suyo, sudor y mi saliva. Me pone a cien. Sonrío mientras sigo trabajando su ano prieto, que cada vez va cediendo más al masaje de mi dedo. Él está sonriendo de placer, con los ojos cerrados y gimiendo levemente cada vez que mi dedo se adentraba en él. Sus fuertes manos abrían su perfecto culo para que lo pudiese usar bien. Saco el dedo que ha dejado su ano un poco abierto y meto mi cara entre sus suaves nalgas, respirando su esencia que me vuelve loco y chupando poco a poco el perímetro del ano, que cada vez se va abriendo más y más y va haciendo que Víctor suelte gemidos cada vez más profundos. Mi lengua empieza chupando sus nalgas peluditas hasta que se mete por su agujero y lo empiezo a hacer más grande, introduciéndola y saboreando el exquisito culazo de mi amigo que estaba en la gloria del placer que sentía. Bajé un poco más y me encontré con sus huevazos, colgando holgados bajo su ano, los empecé a succionar notando como se balanceaban esas bolsitas rellenas de leche, que a su vez hacían que la polla descomunal se moviese también. Me encantaba comerle el culo a un tío como él, tan fuerte de apariencia pero tan fácil de domar cuando se pone cachondo.


Me levanté de ahí y vi su cuerpo marcando cada músculo, en tensión por el placer que sentía. Me acerqué a su cara y le pregunté con una sonrisa maliciosa: “¿Quieres que te dé ya por culo?” Él contestó con un gemido que interpreté como un sí, así que le pegué un morreo cargado de puro deseo y él se incorporó, poniéndose a cuatro patas, pero primero me puse delante de su cara con la polla durísima por lo que estaba haciendo, se la acerqué a la boca, la cual abrió enseguida y empezó a mamarla como si estuviese hambriento. Rodeaba con sus carnosos labios mi falo y lo metía bien adentro, chupándolo con su lengua caliente y húmeda, lubricándola bien para después. Yo le agarraba del pelo y le conducía, pero él la manejaba perfectamente, tan solo con su boca, succionándola y haciéndome sentir un placer inmenso y unas ganas tremendas de follármelo bien fuerte. Cuando pensé que ya estaba bien recubierta de su saliva, le aparté la cara y lo rodeé, subiéndome encima de la cama y haciendo un poco de presión en su espalda para que su culo subiese más y me la dejase meter sin problemas.
Posé la cabeza de mi polla bien firme en la entrada de su culo ya dilatado y empecé a meterla poco a poco, sintiendo como me iba envolviendo a cada centímetro que me adentraba, cada vez más prieto y más caliente. Notaba como se agarraba a las sabanas y podía intuir su cara de molestia por los suaves gemidos entrecortados que soltaba. Yo le iba acariciando las caderas y las nalgas mientras suspiraba levemente. Cada vez más adentro. Más ajustado. Más placentero. Por fin llegué hasta el fondo, y cuando paré soltamos un gran suspiro. “Joder, nunca te han follado el culo, eh” dije muy cachondo. La dejé dentro para que se acostumbrase mientras me eché para adelante y abracé su fuerte cuerpo. Él gimió levemente, lo cual yo entendí como que ya estaba listo para seguir.

Me reincorporé y empecé a sacar mi polla mientras él tensaba su espalda. No la llegué a sacarla del todo y la metí, ahora sí, de golpe hasta el fondo. Esto hizo soltar un pequeño gruñido a Victor, que me puso más todavía. Así que lo repetí unas cuantas veces más: La sacaba lentamente dejándole sentir como se iba aflojando su culo y después la empujaba hasta el fondo, sacudiendo su musculoso cuerpo y haciéndole gruñir.
Poco a poco dejé de hacer paradas tan bruscas y empecé a bombear. El placer empezaba a hacer efecto en nosotros. Empezábamos a sudar y los músculos de su cincelado cuerpo se marcaban más. Sus gruñidos pasaron a ser cortos gemidos y mis suspiros fueron sustituidos por delirios de placer, que se remarcaban con alguna frase tipo “Oh sí” o “Sigue así, te gusta ¿eh?”


Íbamos sincronizados. El placer nos movía como a animales, cada vez queriendo más. El olor a hombre inundaba la habitación igual que los gemidos y los gritos de ambos. En un arrebato, cogí a Víctor por el pecho y lo alcé, dejándolo de rodillas mientras seguía perforando su culo. Me acercó su boca a la mía y yo le contesté comiéndole los labios y entrelazando las lenguas en un juego muy húmedo y caliente de nuestras bocas mientras sentía sus resoplidos en mi cara cada vez que la metía. El me acariciaba el cuello con su mano mientras yo acariciaba su brazo flexionado, axila peluda, cuello, pecho y al final sus excitantes pezones que estaban erizados. Cada pellizco contraía su esfínter, presionándome más la polla y acelerando la salida de mi leche.


Sus nalgas húmedas rebotaban en mis caderas y ahí me dejé llevar. Me quedé quieto y noté como mi polla se ponía como una roca y como chorros y chorros de leche salían disparados de ella, rellenando el culo de mi amigo. Éste gimió al notar como el liquido caliente lo inundaba y como lubricaba su ano, dejándolo más resbaladizo que nunca y haciendo que llegase hasta el final sin problemas. Le acaricié la espalda hasta llegar a sus hombros y lo aguanté mientras sacaba mi pene lentamente, dejando salir unos hilos de semen de su dilatado y rosado ano. Antes de que saliese más, me tumbé boca arriba delante de él y empecé a chupar poco a poco alrededor de su agujero los restos de mi lefa y subí a sus holgados huevos peludos, que metí en mi boca y saboreé esa mezcla de sudor, saliva y lefa.


No tardó en correrse encima de mí, al son de unos dulces gemidos al vaciarse la polla con 4 chorros de espesa leche mientras yo seguía succionando sus bolas.

Después de un momento de realización de lo que acababa de ocurrir, nos quedamos mirando y sonreímos levemente. Me parece que iba a visitar más frecuentemente a Víctor para “estudiar”.



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15/2/14

Una noche sometido

Hace un tiempo, un día de caluroso verano, mi mejor amigo Alex se quedó a dormir en mi casa. No es que fuese un tío muy especial físicamente: No estaba gordo pero tampoco muy marcado, aun que si que estaba fuerte. Aun que teníamos apenas 15 años él ya tenía un poco de barba en su cara, que le daba un toque más adulto y maduro, aun que seguía siendo un rebelde que no hacía caso a nadie.

El día avanzó normal, sin nada destacable. Hasta que llegó la noche cuando nos fuimos a dormir. Como teníamos mucha confianza y el calor era inaguantable nos fuimos los dos a dormir en calzoncillos, los suyos por cierto, le marcaban su abultado paquete de forma exagerada. Nos tumbamos en las camas que estaban juntas para así poder hablar mejor. Estuvimos un rato hablando y una cosa llevó a la otra hasta que nos empezamos a tocar los culos en forma de coña. Su culo para que nos vamos a engañar, estaba muy bien: Era redondo y firme pero un poco mullido. Un culazo vamos.


Seguimos con la broma hasta que le agarré bien el cachete y se quedó callado. Él me hizo lo mismo y, en el silencio de la noche, como poseído por una fuerza, me acerqué un poco más y le dije:
-¿Y si te hago esto? – dije poniendo mi mano encima de su bulto. Nos quedamos callados hasta que él dijo en un suspiro casi inaudible: “venga, hazlo”.
No me lo podía creer, mi mejor amigo, con el que había compartido tantas cosas y experiencias, ahora íbamos a compartir algo inolvidable. 

Empecé a intuir la forma de su pene que empezó a marcarse más y más en sus boxers y en muy pocos segundos podía notar su palpitante polla, la cual empecé a acariciar cuidadosamente, notándola  en mi mano, erecta, caliente, rebosante de deseo y sobretodo enigmática. No puedo contar las veces con las que había soñado con el pene de Alex: Saber cómo sería, cuanto mediría, que forma tendría… y esa noche lo iba a descubrir.

Lo rodeé con suavidad por encima de la ropa y noté que era bastante grueso y largo. Todavía no estaba seguro de hasta donde se dejaría llevar mi amigo, me acerqué a su espalda, caliente y suave, rozándola con mi pecho desnudo, lo cual no incomodó a Alex, ni siquiera se movió, lo cual me tranquilizó e hizo que acercara mis labios a su oreja derecha para susurrarle:
-¿Quieres que siga?

El asintió con la cabeza sigilosamente. Así que respiré hondo porque todavía no me creía lo que estaba pasando, y puse a Alex boca arriba, el cual no ofreció ninguna resistencia, es más, se dejaba llevar por mí como un títere. La luz de la Luna que entraba melodramática por la ventana dibujaba la silueta de su bulto, más grande de lo que me había imaginado al palparlo, así que me decidí de una vez y baje su ceñido bóxer.
Lo que veía me dejó paralizado unos segundos. Superaba todas las expectativas que tenía: su polla era gloriosamente perfecta. Era enorme, no solo por los 18 cm pasados de largo sino también por el ancho, que podía ser casi como el diámetro de un bote de desodorante. Sus huevos colgaban flácidamente, recubiertos por un poco de vello claro, nada que ver con la selva de la base de su pene, que era un bosque de vello que crecía rizado, negro y tupido, y aun así hacia que su verga pareciese enorme. Alex no era mucho de depilarse, pero a mi ese vello me encantaba. La polla seguía abriéndose paso entre la mata de pelo, subiendo recta y señorial, para acabar en un prepucio que recubría de un glande acabado en punta. Su polla era de ensueño, y ni en un millón de fantasías me había imaginado algo así.



Le miré a la cara, y por las facciones que dejaban ver la poca luz que había, estaba relajado, sin moverse, mientras me miraba tranquilamente, confiando plenamente en mí. Así que empecé a acariciar el suave abdomen de Alex haciendo que el vello se pusiese de punta. Bajé mis manos lentamente hasta su selva donde empecé a masajear los huevos, que colgaban flácidamente entre las piernas. Los tocaba y apretaba suavemente, mientras pasaba mis dedos por su pelaje tupido y agarré su polla con una mano y me di cuenta de lo verdaderamente grande que era. Mi amigo escondía un buen tesoro que yo acababa de descubrir. La empecé a pajear cariñosamente, haciendo subir y bajar el prepucio y asomando su glande puntiagudo. Cogí la polla con las dos manos y la empecé a mover más salvajemente. Alex me miraba impasible, cada vez con los ojos más abiertos. Empezó a suspirar de placer mientras me acariciaba tímidamente los brazos. Lubriqué mi mano con mi saliva y la repartí por la polla de mi amigo, la cual ahora estaba bien resbaladiza y lista para poder mamarla. Como no sabía si me iba a caber entera, empecé a chupar la punta tímidamente, mientras miraba a Alex a los ojos, seguidamente me metí su glande en la boca y Alex puso los ojos en blanco. Le estaba encantando. Empezó a acariciar mi pelo y a empujar sutilmente mi cabeza hacia abajo mientras gemía débilmente. No sabía cuánto más podría aguantarla dentro de mí, pero relajé la garganta y deje pasar al monstruoso falo de mi amigo. No llegué hasta la mitad cuando no pude más y me la saqué de golpe, dejándola bien lubricada.


-Quiero tu culo. – Dijo Alex de repente mientras se incorporaba. No me esperaba eso. No sabía que contestar:
-Ehh… No se…- Musité. ¿Iba a dejar que mi mejor amigo me desvirgase en su primera aventura con el otro sexo?
-Si me has llevado hasta aquí, quiero acabar bien. Así que dame tu culo, puta.- Soltó Alex. ¿Así que le iba el rollo de sumiso? A mi sinceramente no me hacía mucha gracia, ¿pero de verdad iba a dejar escapar esa pedazo de polla?
-Pero primero me tendrás que preparar o algo…-Empecé a decir cuando Alex, sonriendo pícaramente, me dio un pollazo en toda la cara que me dejó sin palabras.
-Tú calla, puta. Harás lo que yo te diga. –Dijo Alex seriamente.
-Vale, vale… Pero digo que…- Otro pollazo. Esto empezaba a rozar lo ridículo.
- Yo diré lo que te haré y lo que harás. ¿Vale puta?- Dijo sin dejar de sonreír. Esto de los roles no lo llevaba muy bien, pero le seguí la corriente y contesté:
-Vale, lo que tú quieras…
-Bien, ahora dame tu culo.- Exigió Alex. Me quité los calzoncillos dejando al aire mi polla dura como un diamante y me subí a la cama y me puse al lado de Alex con mi culo boca arriba.
-¿Ahora qué?- Dije deseoso de saber que iba a pasar.

Alex pasó una pierna al otro lado de mi cuerpo, poniéndose así encima de mí, con su verga justo sobre mi culo. Empezó a restregarla y eso me dio un gustazo impresionante, esa polla caliente y dura, solo para mí, empezando a abrir mi culito, lubricando mis cachetes con saliva. Alex me abrió el culo dejando mi ano completamente al descubierto, escupió en él y con el dedo índice empezó a repartirlo por toda la zona y entonces lo empezó a meter lentamente. Yo de lo cachondo que estaba ya empezaba a dilatar solo, así que le cupieron dos dedos en seguida, con los cuales sentía como masajeaba todo mi interior y abría poco a poco mi agujero. Me estaba volviendo loco de placer, suspiraba contra la almohada ya que no podía hacer mucho ruido, pero si los dedos se escapaban un poco para arriba no podía controlar mis gemidos, el cual Alex acallaba al momento dándome un cachete y diciendo “Calla guarra, que nos van a oír”. “Guarra serás tú” contesté, perdido entre mil estímulos. Le quería seguir el juego, pero no me iba dejar humillar a tal nivel.
-¿Con que esas tenemos? Pues ahora verás.- Dijo con vicio en sus palabras.


Agarró fuertemente mis cachetes, separándolos, dejando mi ano escasamente cubierto de vello abierto a su completa disposición. En ese momento me di cuenta de que era suyo completamente y estaba a su merced, así que más valía disfrutarlo.

Se estiró sobre mí, haciéndome sentir su polla entre mis nalgas y acercó su boca a mi oreja para decirme: -Espero que no te duela.- Le oí reírse sordamente. Después se reincorporó y colocó la punta de su potente verga en la entrada de mi culo. Abriendo mis cachetes más, empezó a empujar su polla dentro de mí. Al principio solo notaba que algo raro estaba entrando dentro de mí, pero poco a poco, a medida que aquel monstruo se iba haciendo paso la intuición dejó paso a un sentimiento de lleno y de leve aun que desesperante dolor. La dejó dentro un rato, mientras le oía respirar agitadamente. La sacó del todo y pude notar como mi ano estaba completamente abierto. Él escupió dentro de mi hoyo y sin previo aviso, la metió hasta el fondo haciéndome sentir un dolor desgarrador. “Por favor, no tan fuerte” imploré mientras el dolor cada vez se extendía más por mi culo. “Eso te pasa por puta desobediente. Y solo acabo de empezar”. Siguió empujando aun que ya estuviese toda dentro y sus huevos empujaban mis cachetes. Cuando el dolor paso un poco, él empezó a meterla y sacarla mientras gemía de placer y esfuerzo a medida que el ritmo iba aumentando. Al principio era una sensación de rozamiento cálido a la entrada de mi ano, pero poco a poco empecé a notar el inmenso placer que daba aquella enorme polla lubricada, que entraba cada vez más dentro de mí, rompiendo mi interior y estimulando mi próstata.

De repente paró y la sacó de mi culo. Ahora sentía un vacío que necesitaba que se volviese a llenar. “Ponte como una perra, que quiero rellenarte bien” me dijo mientras me obligaba a ponerme a cuatro patas, con el culo en pompa para que pudiese penetrarme bien. Bajé la cabeza y entre un hueco de mis brazos vi su cara de vicio y como daba golpecitos con la punta de la polla en mis nalgas. La verga volvió a entrar sin problemas y esta vez si que empezó a bombearme fuertemente, impasible como si quisiese perforarme entero. El placer era a cada clavada profunda cada vez más intenso y nos sincronizamos de tal forma que su rápida perforación iba al compás de mis caderas yendo adelante y atrás. Los dos estábamos sudando y delirios de éxtasis se mezclaban con los golpes secos de sus huevos en mi culo. Me agarró del pelo lo que me hizo levantar la cabeza en una posición un poco incómoda pero extrañamente placentera. Ahora su cipote me estaba partiendo por dentro, sentía que él se iba a correr por que los golpes eran más duros y largos. Se echó para adelante, tocando con su cálido pecho mi espalda y dejó su polla dentro mientras gemía suavemente. “Mmmmmmmaaahh….” Noté como varios chorros de leche caliente inundaban mi interior y como su polla los iba disparando rellenando mi culo. Su cuerpo empezó a relajarse y levantó la cabeza mientras yo le miraba a la cara. Sus ojos verdosos me miraron fijamente, con una leve sonrisa de satisfacción. Pero no había acabado todo.

Sacó cuidadosamente su verga de mi culo, que empezó a brotar leche que se esparció por mis huevos y piernas. Me dio la vuelta, dejándome con las piernas al aire y el culo chorreando. Empezó restregar su polla semi erecta y llena de restos de lefa por mi pecho y abdomen, que subía y bajaba agitadamente. Metió un par de dedos en mi todavía dilatado ano para sacar más corrida, y la puso en mi polla, que estaba como una roca. “Ahora yo te voy a ordeñar”. Repartió el semen por mi pene para lubricarlo y lo empezó a masturbar suavemente. Con solo eso ya estaba a punto de correrme, cuando se acercó a mi cabeza con su balanceante polla gorda, que empecé a limpiar de su corrida y seguí mamándola como un biberón. Estaba a punto de correrme cuando Alex sacó su verga de mi boca y dio un beso a mi capullo mientras me hacía una brutal paja. Yo no pude aguantar más eso así que exploté en mil chorros de leche que mancharon su cara y todo mi cuerpo, mientras yo gemía sordamente del inmenso placer que sentía.


Mi dulce lefa se mezclaba con la suya repartida por mi polla, que él seguía masajeando y con la mano llena de leches, me la acercó a la boca, y yo, como buena putita que soy, me la comí entera y no dejé restos.


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