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20/8/16

El desconocido del centro comercial

Era una mañana de un martes como otro cualquiera. Ese día no tenía clase así que decidí ir al centro comercial de mi ciudad a dar una vuelta, aprovechando que al ser un día entre semana no habría casi nadie. Me tomé mi tiempo paseando tranquilamente por todas y cada una de las tiendas, ya que no tenía otra cosa mejor que hacer. Entré a una tienda de ropa y mientras ojeaba la sección de pantalones me fijé que al otro lado del estante había alguien observándome disimuladamente. No le presté mucha más atención y seguí con lo mío. Al salir de la tienda, vi que poco después la misma figura que me observaba también salía detrás de mí. Entré en otra tienda y mientras vagaba entre estanterías repletas de libros, vislumbré a la misma persona de antes, unas columnas más allá. Esto me llamó la atención y con mucho disimulo le observé.

 Descubrí a un chico de mi edad y misma estatura. Tenía el pelo negro, largo por arriba y corto por los lados muy bien peinado. Su cara no era nada fuera de lo normal, cejas definidas, ojos oscuros y una leve sonrisa permanente en su boca. Su piel color café con leche resaltaba con la camiseta color rosa palo que llevaba y su cuerpo no estaba nada mal. Era de complexión atlética, delgado pero en forma, se notaba por los brazos fibrados que dejaba entrever su camiseta y su culo prieto en unos shorts… Unos shorts que insinuaban un bulto enorme, ya que seguramente no llevase nada más debajo. En este momento el desconocido me vio observándole y sonrió levemente. Yo me sobresalté e hice como que no pasaba nada, apresurándome a salir de la tienda. Decidí pararme a unos pocos metros de la salida para ver salir al misterioso desconocido. Unos segundos después salió y pasó su mirada por los alrededores hasta que me vio, lo cual le hizo sonreír levemente y se dirigió hacia mí rápidamente. Yo me alarmé y estaba decidido a empezar una discusión, pero el chico levantó la mano señalando que me calmase. Se puso delante de mí, repasándome bien de arriba abajo.
-Te vendrías… al lavabo… un momento, porfa.- Me dijo, claramente nervioso.- Tío, sé que suena raro… pero te he visto y… vente conmigo un momento.- Dijo mientras se acercaba, con una cara entre el miedo y la esperanza.
-¿Pero de qué vas, qué quieres? – Dije nerviosamente.
-Joder he visto como me mirabas…-musitó mientras bajaba su mirada a su abultado paquete, que claramente se iba hinchando mientras hablábamos, mostrando su verdadera intención.-Solo un momento va… no pasa nada- Se acercó más y me puso la mano en el brazo cuidadosamente para no parecer agresivo.  Claramente no tenía nada que debatirle porqué me había pillado plenamente mirándole. Además siempre había fantaseado con algo como esto, así que sonreí tímidamente y titubeé:-Pero yo… yo…

El chico río sordamente y me agarró donde me tenía puesta la mano, tirando de mi brazo y llevándome con él hacia los baños, qué estaban justo al lado de donde estábamos parados. La verdad que esta situación tan inesperada y excitante me resultaba extrañamente morbosa, sobre todo por qué el chico no era especialmente atractivo, pero había algo en él que me ponía burrísimo.

Llegamos a las puertas y el desconocido miró seriamente alrededor para ver que no venía nadie y entró rápidamente al baño, donde había dos lavabos cerrados por paredes hasta el techo. El chico me llevó detrás de él y entramos en el primer compartimento donde cabíamos los dos perfectamente. El desconocido se giró con cara de satisfacción y cerró la puerta con pestillo detrás de mí.

Antes de que pudiera decir nada, me bajó el pantalón dejando a la vista mis bóxers blancos que mostraban mi descarada erección. Él me agarró el paquete  sonriendo pícaramente al ver como manchaba de presemen mis calzoncillos. El apasionado desconocido me puso contra la puerta, y acercándose mucho a mi cara mirándome lascivamente me susurró “la verdad que desde que te he visto quiero follarte el culito”. Un chispazo me recorrió todo el cuerpo y me di cuenta de que si quería gozar tendría que sufrir un poco, y eso me ponía super cachondo. Acto seguido me agarró del pelo y me obligó a bajar y ponerme de rodillas, muy muy cerca de su incipiente paquete, que abultaba escandalosamente sus shorts.
“¿No me mirabas tanto? Pues ahora lo vas a ver todo muy de cerca cabrón, ya verás cómo te gusta.” Me dijo jadeante. Mientras con una mano me retenía en mi posición, con la otra deslizó su short hacia abajo, dejándolo caer y haciendo que su enorme polla se liberase, rebotando a solo unos milímetros de mi cara. Me retiré hacia atrás para contemplar mejor la maravilla que tenía delante: un rabazo descomunal, que medía tranquilamente 20cm y era grueso casi como una lata de refresco, salía de entre una maraña de vello que subía ordenadamente por los abdominales duros que dejaba ver su camiseta arremangada, que había subido para mostrar bien su trabuco. La polla se inclinaba ligeramente hacia abajo, con el capullo rosado y alargado al aire y un par de venas por el tronco pálido. Sus huevos no eran muy grandes pero sí que colgaban holgadamente, también recubiertos de una selva de pelo negro.
En cuanto la vi se me hizo la boca agua y miré al chaval sonriente, que me cogió de la nuca y me acercó a su entrepierna, haciéndome sentir el maravilloso olor de su ardiente miembro. “A ver como lo haces” Me susurró a la vez que me apretó contra sus huevos obligándome a abrir la boca y empezar a chupar como si no hubiera un mañana. Le succionaba las peludas pelotas una a una y empecé a lamérselas, lo cual hizo que me apretara con ganas contra él y empezase a gruñir intensamente. Mi boca no daba abasto mientras lamia sus cojones con tantas ganas que su polla dura me golpeaba en el  lado de la cara. Empecé a subir por su entrepierna con mis labios y mientras paseaba mis manos por sus muslos peludos y musculosos hacia su culo. Pero esto no le gustó y me apartó las manos secamente. Acto seguido me agarró del pelo para alzarme un poco y llevarme directo a su trabuco, donde me guió por un lado desde su peluda base hasta la cabeza, asegurándose de que probaba cada centímetro de su carne mientras dejaba un camino de saliva. Así empecé a succionar el glande rosado, que del placer ya estaba soltando unas cuantas gotas de salado y pegajoso presemen. El capullo ya me ocupaba gran parte de la boca así que me empleé bien en lamerlo y succionarlo como si fuera un biberón. De repente dijo “bueno, cométela ya que no tengo todo el día, joder” y empezó empujar mi cabeza hacia él, haciendo que su pollón entrase cada vez más en mi boca. No entró mucho más que su capullo, ya que mi boca estaba abierta al máximo y no podía más, así que con un acto reflejo me tiré hacia atrás, cogiendo una sonora bocanada de aire y tosiendo un poco.

El desconocido sonrió divertido y se meneó la polla que chorreaba con mi saliva y su presemen. Se acercó otra vez hacia mí, esta vez más gentilmente, y pude agarrar el pollón con mis dos manos para pajearlo un poco mientras le daba lametones en el capullo, lo que hacía que se dejase llevar cada vez más, suspirando fuertemente y apoyando sus manos en la puerta detrás de mí. Empezó un vaivén ligero con su cadera metiendo poco a poco su pollón en mi boca, cada vez con embestidas más profundas y duras, hasta que me metió más de la mitad, haciéndome atragantarme en mi propia saliva. Pese el duro trabajo que era comerse esa polla entera, lo estaba disfrutando exageradamente. Me encantaba sentirme bajo el control de aquel macho con aires de malote y un pedazo de pollón solo para mí.
Después de unas profundas arremetidas se retiró repentinamente y me hizo levantarme y darme la vuelta. Yo obedecí jadeante y me bajé instintivamente los calzoncillos poniendo mi culo recién depilado en pompa, deseando que me perforase ya. El desconocido me abrió los cachetes dejando mi ano al aire en el cual escupió una buena cantidad de saliva y la repartió con su lengua que me abría lentamente. Cada lametazo me volvía loco y empezaba a gemir suavemente, a lo que él se pegó completamente a mi apretando a propósito su ardiente polla en mi culo y susurrándome “ni se te ocurra hacer ruido”. Se retiró hacia atrás y puso su lubricado capullo en la entrada de mi culito. Yo cogí aire y me dejé llevar por mi cachondez.

Empezó a meterla imparablemente. Sentía como mi interior se expandía a medida que el trabuco del desconocido iba marcando su territorio dentro de mí, haciéndome sentir el ardiente recorrido hasta que metió sus veinte centímetros de placer hasta el fondo gruñendo toscamente. Yo apenas podía respirar o moverme y solo notaba como me separaba firmemente las nalgas y se asentaba dentro de mí como un fuego del que quería más y más. Pasados unos instantes, la sacó y noté el vacío que me había dejado y que quería que volviese a rellenar. Miré por encima de mi hombro y vi al desconocido sudando un poco y respirando agitadamente mientras me escupía en mi agujero que estaba abierto y deseando volver a ser llenado por aquella masa de carne placentera. El contraste de su saliva en mi interior caliente hizo que me retorciese de gusto, a la vez que me agarraba de la cadera y empezó a bombearme mientras gemía como un verdadero macho. Estaba extasiado por el placer. Su rabazo me perforaba de una manera brutal por dentro rellenándome completamente y haciendo que se me escapasen varios gritos de puro placer.
El desconocido me tapó la boca con su mano fuertemente y dijo entre jadeos “¡nada de ruido joder!”, a la vez que aumentaba su ritmo y notaba como su trabuco entraba y salía frenéticamente dentro de mi agujero completamente dilatado. Sus huevos chocaban con mis nalgas sudadas y repiqueteaban a la vez que él gruñía y resoplaba como una bestia. Me tenía agarrado por la boca y por la cadera, rompiéndome por dentro, haciéndome sentir su verdadero poder follándome descontroladamente. Yo casi no podía contenerme por la tremenda estimulación que estaba recibiendo y gozaba como un animal.
Los dos estábamos sudando, casi en trance del maravilloso placer que sentíamos. Mi polla rebosaba presemen que goteaba en la pared y el suelo. Noté como el pollón del desconocido se ponía más duro que una roca dentro de mí y a la vez que me agarraba con los dos brazos por el abdomen pegándose completamente a mí, me embistió potentemente y empezó a gritar violentamente mientras notaba como unos potentes chorros de leche ardiente me regaban por dentro.

Acto seguido el desconocido se separó de mí y dio un par de sacudidas a su pollón salpicándolo todo de lefa, mientras jadeaba mirándome sonrientemente. Se vistió rápidamente y me miró más que satisfecho, me dio un cachetazo y sin mediar palabra se fue. Yo, aun completamente ido del inmenso placer, me quede apoyado contra la pared, con el culo todavía abierto con el boquete del pollón y su leche blanca resbalando por mis sudadas nalgas. Antes de irme me quedé un rato en aquel lavabo desierto, pensando en lo que aquel oportuno desconocido me había hecho sentir. Tendría que volver más a menudo al centro comercial.

Por fin he vuelto! Espero que os haya gustado y como siempre me podéis dejar vuestras opiniones en un comentario (que puede ser completamente anónimo y sin registrarte )
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8/8/15

A la luz de la luna

A la luz de la luna nos encontrábamos. Él tumbado boca abajo en mi cama con solo unos bóxer, yo a su lado admirando su cuerpo angelical, y ambos ansiosos de desfogar nuestro ardiente deseo. 

Me puse encima suyo y empecé a acariciar su espalda suave y pálida, sobre la cual destacaban algunos lunares esparcidos, los cuales iba besando suavemente, con delicadeza y pasión, notando como su cuerpo subía y baja al ritmo de su respiración. Seguía acariciando su cuerpo cálido suavemente, sintiéndolo en mis manos, mientras que con mi boca seguía explorando su espalda y bajaba cada vez más, haciendo que Guille suspirase profundamente y su piel se erizase. Llegué a su tremendo culo, bien apretado en el bóxer oscuro que llevaba. Empecé a amasar sus nalgas por encima, oliendo su aroma que me volvía loco, haciendo que mordiese su culito muy levemente. Él empezaba a moverse con pequeños espasmos a cada apretujón que daba a sus nalgas. Me cansé de sobar tanta ropa y metí la mano por la pata del bóxer, sintiendo su culo, totalmente depilado y fresco esperándome. Seguí amasando mientras mi pene se ponía como una piedra y le acariciaba la espalda. Saqué la mano y me tumbé encima de él con mi paquete bien duro en su raja y empecé a moverme lentamente para que notase lo que había conseguido, a la par que chupaba dulcemente su cuello y lóbulo izquierdo, lo que hizo que soltase más de un gemidito. Como le ponía eso. Después de un rato tentándolo, volví a su bóxer y esta vez lo bajé, dejando al aire sus dos nalgas redondas y blancas, las cuales empecé a lamer lentamente, notando cada curva, mientras con mis manos agarraba bien de los costados y palpaba para sentir bien por donde iba. Su sabor me volvía loco, le besé por todos lados pero yo quería más. Me saqué en un momento la polla de los calzoncillos y empecé a azotarle por el culo con ella, haciendo un sonido de repiqueteo en seco. Necesitaba más.


Le di la vuelta y me quedé contemplando su precioso cuerpo: Una piel blanca que relucía a la luz que entraba por la ventana, la cual marcaba el contorno de su cuerpo. Un cuerpo tonificado y bien depilado por todos lados, que me guiaban a una polla descomunal de unos 18 cm, que colgaba reposada sobre unos huevos bien holgados llenos de leche, que ya empezaba a gotear por su prepucio. Sonreímos. Joder, me encantaba esa vista.

Me acerqué a su abdomen para besarlo, cuando él de repente me agarró de la cabeza y me bajó directamente hasta su polla. Ya estaba suficientemente caliente, quería acción. Así que le miré de reojo mientras me tumbaba para llegar mejor y agarré su ardiente verga, bastante gruesa así que le pasé la lengua y me llevé un hilo de dulce presemen que me dio más ganas de comer. Escupí un poco y me metí el capullo en la boca y lentamente me seguí metiendo su trozo de carne hasta que no pude más y lo saqué. Él seguía con las manos entre mi pelo y me acercó más a su pollón, podía oler su perfume y empecé a lamer sus huevos, que botaban a cada lametazo. Era una gozada jugar con aquellos cojones colgantes. Los lamía, chupaba y jugaba con mi mano como dos pelotitas. Su sabor hacía que me los metiera juntos en la boca. Guille no paraba de suspirar y hasta se le escapaba algún gemido. Seguí con su polla, esta vez no me la metí tan al fondo pero la empecé a comer con mucho gusto. Mientras subía y bajaba con mi boca, succionaba y mi lengua jugaba con su glande. Esto hacia que me agarrase más del pelo, hasta que de golpe me la metí hasta el fondo. Casi no podía aguantar, pero valía la pena. Guille se retorcía de placer y bufaba como un animal en celo. Estimulaba su trabuco con mi garganta y manoseaba sus pelotas con mi mano. Cuando me saqué su polla de la boca, estaba todo lleno de saliva, perfecto para una paja, pero él me dijo que me pusiera en su sitio.


Nos cambiamos las posiciones y sin mediar palabra empezó a comérmela como si no hubiese un mañana. Qué bien lo hacía el cabrón. Mientras engullía mi polla yo no podía aguantar y retorcía cada extremidad de placer, suspirando profundamente y acariciando su estilizado cuerpo. Él lo hacía estupendamente, con una mano acariciaba mi pecho y mis pezones erizados, lo cual me daba pequeñas punzadas de placer, mientras que con la otra mano me agarraba la polla y se la tragaba hasta el fondo, dejándola llena de saliva. Se metió mi glande en la boca y succionó muy fuerte, lo que hizo que me estremeciera mucho y le arañase la espalda de la tensión. Me miró y esbozó una sonrisa picarona y empezó a succionar mis huevos. No me dejaba dar ni un respiro y en mi boca ya resonaba otro gemido. Se esforzaba al máximo y qué bien le salía. Yo le agarré del pelo y lo acerqué a mí. Mientras nos dábamos un morreo apasionado donde había una guerra entre su lengua y la mía, yo agarré su pollón y le pajeé suavemente destapando su glande rosado.


Nos comimos bien la boca hasta que él paró y dio la vuelta sobre sí mismo, dejando a un palmo de mi cara sus huevos colgando que rozaban mi pecho. Aspiré lentamente su aroma y sentí como rodeaba mi polla con sus labios y empezaba a mamar descontroladamente así que empecé a lamerle los huevos por detrás lo que hacía que su polla se levantase y se pusiera más dura. Sus huevos rebotaban en mi cara y me puse entre sus piernas para poder comerme su verga, pero apenas llegaba a meterme la punta, así que recorrí con mi lengua la largura de su polla. Agarré sus nalgas y las acariciaba mientras él seguía engullendo mi polla. Nos habíamos convertido en una bola frenética de saliva, calor y sudor que solo quería más y más. Gruñíamos a cada chupetón que sentíamos y apretábamos los cuerpos para sentirnos bien cerca.


Yo estaba tumbado boca arriba y él se puso de rodillas sobre mi cabeza. Ahora llegaba mucho mejor a sus cojones qué, sudando, me los metía en la boca y succionaba. Le pajeé un poco y eché mi cabeza hacia atrás, relajando mi garganta. Me empezó a taladrar con su gran polla sin parar. Hasta el fondo. Su carne entraba y salía de mi boca, repleta de saliva que lubricaba su frenética entrada. Me follaba la boca mientras yo apenas podía respirar, pero me encantaba sentir esa pedazo de verga dentro de mi boca ardiente. Él jadeaba a cada penetración que hacía, tensando su pálido cuerpo, y yo gemía cada vez que notaba sus cojones chocando contra mi cara. De mientras, yo me pajeaba fuertemente, sintiendo todo el placer que me provocaba el morbo de la situación. Mi polla estaba a reventar.



De repente sus movimientos se volvieron más bruscos y agarrándome de los brazos y sin previo aviso, soltó un sonoro gemido a la vez que un chorro de espesa corrida salía de su glande y me llenaba toda la cara. Suspiros y jadeos siguieron a más chorros de leche caliente que me salpicaban por la cara, y la que llegaba a mis labios la engullía para saborearla. Cuando sacó su polla de mi cara, como una gran serpiente, yo me corrí abundantemente, llenando todo mi cuerpo de lefa. Guille repasó la corrida con un dedo y me lo metió en la boca, dejando que lo saborease. Después nos fundimos en un beso de pasión, que nos mantuvo despiertos el resto de la noche.


Se que hace MUCHO que no subía nada, pero la verdad que han pasado muchas cosas importantes relacionadas con este mundo y estaba demasiado ocupado viviéndolas, espero que lo entendáis :) Puede que suba un par de mini-relatos durante este verano, pero no prometo nada.

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12/10/14

POST DE CONSULTA: ¿Tienes preguntas? ¡Intentaré contestarlas!

Hola! Ya habéis sido varios los que me habéis mandado un mail o puesto un comentario con dudas sobre vuestra sexualidad, cosas que pensáis o os están pasando etc... Así que he pensado que más de uno de vosotros se sentirá igual y quizá queráis hablar con alguien sobre algún tema en particular, aunque solo sea para desahogaros.
Somos muchos los adolescentes de la comunidad LGBT con preguntas que no siempre son contestadas ni comprendidas, así que ayudarnos entre nosotros está bien. 
Yo no soy ningún experto en el tema, pero vivirlo supongo que ya da una perspectiva, así que si te gustaría tener otra opinión para valorar cosas o para tener otro punto de vista sobre una duda o situación, esto es lo que puedes hacer:
-Mandar un correo a greenlook15@gmail.com con lo que quieras contarme
-Dejar un comentario en este post (puede ser completamente anónimo y sin registro ninguno, solo tienes que procurar pasarte de vez en cuando para ver si he contestado)

El mensaje puede ser todo lo breve o extenso, de la forma más anónima (con la información esencial para poner en contexto vuestro mensaje, eso si), que quieras; el mensaje no será publicado ni leído por nadie más que yo.
Y esto es todo! Si tienes cualquier pregunta, experiencia, situación o lo que sea que quieras compartir conmigo, ya sabes que hacer.
Porque a veces, tan solo con soltarlo, ya ayuda :)


28/9/14

Una tarde de estudio

Victor era el chico perfecto. Era muy buena persona con todo el mundo, amable y trabajador y siempre lo adornaba todo con esa sonrisa tan cálida y verdadera. En cuanto a su físico: Jo-der. Era alto, de pelo corto y castaño, ojos grandes y oscuros y unos labios gruesos que daban ganas de morder y alimentarse de sus besos. Su complexión era atlética, de espaldas anchas y fuertes, con los músculos bastante desarrollados para un chico de 16 años y con vello también bastante desarrollado para su edad. Ese punto de madurez era lo que me daba tanto morbo.

 Siempre nos habíamos llevado muy bien, pero nuestra amistad no salía de las clases. Y las clases fue lo que nos llevo a lo que vais a leer a continuación.
Se acercaba el fin de curso y en todas las asignaturas nos pedían trabajos finales en grupo, y resultó que me tocó con Víctor en uno de ellos. Trabajábamos muy bien juntos y yo estaba encantado de estar tanto con él, aunque tenía que procurar que no se diese cuenta de que le miraba más a él que al trabajo. Trabajamos muy duro, pero claro, el trabajo en clase no era suficiente. Llegó el día antes de la presentación y teníamos que prepararla así que esa misma tarde quedamos en su casa, aprovechando que no había nadie para poder estudiar a gusto.

Estuvimos trabajando unas horas hasta que hicimos un descanso. Había notado que Víctor estaba especialmente cariñoso conmigo, quiero decir, me abrazó cuando llegué a su casa, aprovechaba cualquier tontería para tocarme en forma de broma y demás. Y a mí no me importaba para nada. Pero no quería pensar nada raro ya que por lo que sabía, era hetero. Aun que yo para él también lo era.

Se levantó un momento y desapareció de la habitación. Suponía que había ido a buscar algo. Repasé con la mirada la habitación, era bastante sencilla; lo que más ocupaba era una cama de matrimonio que era donde dormía. Me senté en ella y al pasar la mano sobre la almohada noté algo duro, la levante y… no podía ser. Me encontré un consolador. Era surrealista. Víctor era de lejos al que menos me podría imaginar con uno de esos. Y eso hizo que mi parte más sucia despertase. Ya no quería estudiar más. Creo que nos lo íbamos a pasar mejor de otra forma.

Cogí el juguetito, lo guardé en mi bolsillo y salí de la habitación. Me dirigí al lavabo para prepararme pero cuál fue mi sorpresa cuando abrí la puerta y me encontré a mi amigo meando con los pantalones y calzoncillos bajados hasta los tobillos. Por un momento contemplé su culazo y sus piernas fuertes y con una fina capa de vello. Joder que bueno estaba. Parecía que no se había dado cuenta de mi entrada así que saqué el vibrador y me acerqué sigilosamente por detrás. Las últimas gotas habían caído en el agua y justo me puse detrás suyo mientras respiraba suavemente en su cuello y apoyé el juguete entre sus nalgas. Esto hizo que diese un bote y se girase y en cuanto me vio comprendió la situación.
-Veo que te lo pasas bien cuando estás solo, ¿eh?- Dije sonriendo.

Victor se quedó un poco parado y tras unos segundos para entender lo que pasaba, miró para abajo, donde su pene empezaba a marcarse bajo la camiseta que lo tapaba.
-…eso parece… aun que me gustaría más que alguien se lo pasase bien conmigo… - dijo con una sonrisa que hacía su boca más apetecible que nunca.
Cogí aire y empecé a comerle la boca mientras él me agarraba del pelo y yo acariciaba su culo y su espalda. Empezamos a caminar tambaleándonos hasta que llegamos a su habitación, donde él se quitó la camiseta dejando ver su glorioso cuerpo al completo, y me quitó en un momento mi camiseta, pantalones y ropa interior, que chocaron con la pared.


Nos subimos a su cama y me tiré encima de él comiéndole los labios y acariciando sus músculos. Empecé a darle chupetones por todo el cuerpo, cuando se le iluminaron los ojos y me paró para decirme:
-Oye, ya has visto mi juguete… ¿Por qué no demuestras que lo sabes hacer mejor?- Acto seguido se puso a cuatro patas con el culo en pompa, dándome una magnífica vista de sus nalgas terciopeladas y de su rosado agujero que ya empezaba a abrirse del calentón.


Empecé a meter el dedo índice por su ano mientras escupía dentro para lubricar. Tenía la cara cerca de su culo y huelo ese olor tan característico suyo, sudor y mi saliva. Me pone a cien. Sonrío mientras sigo trabajando su ano prieto, que cada vez va cediendo más al masaje de mi dedo. Él está sonriendo de placer, con los ojos cerrados y gimiendo levemente cada vez que mi dedo se adentraba en él. Sus fuertes manos abrían su perfecto culo para que lo pudiese usar bien. Saco el dedo que ha dejado su ano un poco abierto y meto mi cara entre sus suaves nalgas, respirando su esencia que me vuelve loco y chupando poco a poco el perímetro del ano, que cada vez se va abriendo más y más y va haciendo que Víctor suelte gemidos cada vez más profundos. Mi lengua empieza chupando sus nalgas peluditas hasta que se mete por su agujero y lo empiezo a hacer más grande, introduciéndola y saboreando el exquisito culazo de mi amigo que estaba en la gloria del placer que sentía. Bajé un poco más y me encontré con sus huevazos, colgando holgados bajo su ano, los empecé a succionar notando como se balanceaban esas bolsitas rellenas de leche, que a su vez hacían que la polla descomunal se moviese también. Me encantaba comerle el culo a un tío como él, tan fuerte de apariencia pero tan fácil de domar cuando se pone cachondo.


Me levanté de ahí y vi su cuerpo marcando cada músculo, en tensión por el placer que sentía. Me acerqué a su cara y le pregunté con una sonrisa maliciosa: “¿Quieres que te dé ya por culo?” Él contestó con un gemido que interpreté como un sí, así que le pegué un morreo cargado de puro deseo y él se incorporó, poniéndose a cuatro patas, pero primero me puse delante de su cara con la polla durísima por lo que estaba haciendo, se la acerqué a la boca, la cual abrió enseguida y empezó a mamarla como si estuviese hambriento. Rodeaba con sus carnosos labios mi falo y lo metía bien adentro, chupándolo con su lengua caliente y húmeda, lubricándola bien para después. Yo le agarraba del pelo y le conducía, pero él la manejaba perfectamente, tan solo con su boca, succionándola y haciéndome sentir un placer inmenso y unas ganas tremendas de follármelo bien fuerte. Cuando pensé que ya estaba bien recubierta de su saliva, le aparté la cara y lo rodeé, subiéndome encima de la cama y haciendo un poco de presión en su espalda para que su culo subiese más y me la dejase meter sin problemas.
Posé la cabeza de mi polla bien firme en la entrada de su culo ya dilatado y empecé a meterla poco a poco, sintiendo como me iba envolviendo a cada centímetro que me adentraba, cada vez más prieto y más caliente. Notaba como se agarraba a las sabanas y podía intuir su cara de molestia por los suaves gemidos entrecortados que soltaba. Yo le iba acariciando las caderas y las nalgas mientras suspiraba levemente. Cada vez más adentro. Más ajustado. Más placentero. Por fin llegué hasta el fondo, y cuando paré soltamos un gran suspiro. “Joder, nunca te han follado el culo, eh” dije muy cachondo. La dejé dentro para que se acostumbrase mientras me eché para adelante y abracé su fuerte cuerpo. Él gimió levemente, lo cual yo entendí como que ya estaba listo para seguir.

Me reincorporé y empecé a sacar mi polla mientras él tensaba su espalda. No la llegué a sacarla del todo y la metí, ahora sí, de golpe hasta el fondo. Esto hizo soltar un pequeño gruñido a Victor, que me puso más todavía. Así que lo repetí unas cuantas veces más: La sacaba lentamente dejándole sentir como se iba aflojando su culo y después la empujaba hasta el fondo, sacudiendo su musculoso cuerpo y haciéndole gruñir.
Poco a poco dejé de hacer paradas tan bruscas y empecé a bombear. El placer empezaba a hacer efecto en nosotros. Empezábamos a sudar y los músculos de su cincelado cuerpo se marcaban más. Sus gruñidos pasaron a ser cortos gemidos y mis suspiros fueron sustituidos por delirios de placer, que se remarcaban con alguna frase tipo “Oh sí” o “Sigue así, te gusta ¿eh?”


Íbamos sincronizados. El placer nos movía como a animales, cada vez queriendo más. El olor a hombre inundaba la habitación igual que los gemidos y los gritos de ambos. En un arrebato, cogí a Víctor por el pecho y lo alcé, dejándolo de rodillas mientras seguía perforando su culo. Me acercó su boca a la mía y yo le contesté comiéndole los labios y entrelazando las lenguas en un juego muy húmedo y caliente de nuestras bocas mientras sentía sus resoplidos en mi cara cada vez que la metía. El me acariciaba el cuello con su mano mientras yo acariciaba su brazo flexionado, axila peluda, cuello, pecho y al final sus excitantes pezones que estaban erizados. Cada pellizco contraía su esfínter, presionándome más la polla y acelerando la salida de mi leche.


Sus nalgas húmedas rebotaban en mis caderas y ahí me dejé llevar. Me quedé quieto y noté como mi polla se ponía como una roca y como chorros y chorros de leche salían disparados de ella, rellenando el culo de mi amigo. Éste gimió al notar como el liquido caliente lo inundaba y como lubricaba su ano, dejándolo más resbaladizo que nunca y haciendo que llegase hasta el final sin problemas. Le acaricié la espalda hasta llegar a sus hombros y lo aguanté mientras sacaba mi pene lentamente, dejando salir unos hilos de semen de su dilatado y rosado ano. Antes de que saliese más, me tumbé boca arriba delante de él y empecé a chupar poco a poco alrededor de su agujero los restos de mi lefa y subí a sus holgados huevos peludos, que metí en mi boca y saboreé esa mezcla de sudor, saliva y lefa.


No tardó en correrse encima de mí, al son de unos dulces gemidos al vaciarse la polla con 4 chorros de espesa leche mientras yo seguía succionando sus bolas.

Después de un momento de realización de lo que acababa de ocurrir, nos quedamos mirando y sonreímos levemente. Me parece que iba a visitar más frecuentemente a Víctor para “estudiar”.



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15/2/14

Una noche sometido

Hace un tiempo, un día de caluroso verano, mi mejor amigo Alex se quedó a dormir en mi casa. No es que fuese un tío muy especial físicamente: No estaba gordo pero tampoco muy marcado, aun que si que estaba fuerte. Aun que teníamos apenas 15 años él ya tenía un poco de barba en su cara, que le daba un toque más adulto y maduro, aun que seguía siendo un rebelde que no hacía caso a nadie.

El día avanzó normal, sin nada destacable. Hasta que llegó la noche cuando nos fuimos a dormir. Como teníamos mucha confianza y el calor era inaguantable nos fuimos los dos a dormir en calzoncillos, los suyos por cierto, le marcaban su abultado paquete de forma exagerada. Nos tumbamos en las camas que estaban juntas para así poder hablar mejor. Estuvimos un rato hablando y una cosa llevó a la otra hasta que nos empezamos a tocar los culos en forma de coña. Su culo para que nos vamos a engañar, estaba muy bien: Era redondo y firme pero un poco mullido. Un culazo vamos.


Seguimos con la broma hasta que le agarré bien el cachete y se quedó callado. Él me hizo lo mismo y, en el silencio de la noche, como poseído por una fuerza, me acerqué un poco más y le dije:
-¿Y si te hago esto? – dije poniendo mi mano encima de su bulto. Nos quedamos callados hasta que él dijo en un suspiro casi inaudible: “venga, hazlo”.
No me lo podía creer, mi mejor amigo, con el que había compartido tantas cosas y experiencias, ahora íbamos a compartir algo inolvidable. 

Empecé a intuir la forma de su pene que empezó a marcarse más y más en sus boxers y en muy pocos segundos podía notar su palpitante polla, la cual empecé a acariciar cuidadosamente, notándola  en mi mano, erecta, caliente, rebosante de deseo y sobretodo enigmática. No puedo contar las veces con las que había soñado con el pene de Alex: Saber cómo sería, cuanto mediría, que forma tendría… y esa noche lo iba a descubrir.

Lo rodeé con suavidad por encima de la ropa y noté que era bastante grueso y largo. Todavía no estaba seguro de hasta donde se dejaría llevar mi amigo, me acerqué a su espalda, caliente y suave, rozándola con mi pecho desnudo, lo cual no incomodó a Alex, ni siquiera se movió, lo cual me tranquilizó e hizo que acercara mis labios a su oreja derecha para susurrarle:
-¿Quieres que siga?

El asintió con la cabeza sigilosamente. Así que respiré hondo porque todavía no me creía lo que estaba pasando, y puse a Alex boca arriba, el cual no ofreció ninguna resistencia, es más, se dejaba llevar por mí como un títere. La luz de la Luna que entraba melodramática por la ventana dibujaba la silueta de su bulto, más grande de lo que me había imaginado al palparlo, así que me decidí de una vez y baje su ceñido bóxer.
Lo que veía me dejó paralizado unos segundos. Superaba todas las expectativas que tenía: su polla era gloriosamente perfecta. Era enorme, no solo por los 18 cm pasados de largo sino también por el ancho, que podía ser casi como el diámetro de un bote de desodorante. Sus huevos colgaban flácidamente, recubiertos por un poco de vello claro, nada que ver con la selva de la base de su pene, que era un bosque de vello que crecía rizado, negro y tupido, y aun así hacia que su verga pareciese enorme. Alex no era mucho de depilarse, pero a mi ese vello me encantaba. La polla seguía abriéndose paso entre la mata de pelo, subiendo recta y señorial, para acabar en un prepucio que recubría de un glande acabado en punta. Su polla era de ensueño, y ni en un millón de fantasías me había imaginado algo así.



Le miré a la cara, y por las facciones que dejaban ver la poca luz que había, estaba relajado, sin moverse, mientras me miraba tranquilamente, confiando plenamente en mí. Así que empecé a acariciar el suave abdomen de Alex haciendo que el vello se pusiese de punta. Bajé mis manos lentamente hasta su selva donde empecé a masajear los huevos, que colgaban flácidamente entre las piernas. Los tocaba y apretaba suavemente, mientras pasaba mis dedos por su pelaje tupido y agarré su polla con una mano y me di cuenta de lo verdaderamente grande que era. Mi amigo escondía un buen tesoro que yo acababa de descubrir. La empecé a pajear cariñosamente, haciendo subir y bajar el prepucio y asomando su glande puntiagudo. Cogí la polla con las dos manos y la empecé a mover más salvajemente. Alex me miraba impasible, cada vez con los ojos más abiertos. Empezó a suspirar de placer mientras me acariciaba tímidamente los brazos. Lubriqué mi mano con mi saliva y la repartí por la polla de mi amigo, la cual ahora estaba bien resbaladiza y lista para poder mamarla. Como no sabía si me iba a caber entera, empecé a chupar la punta tímidamente, mientras miraba a Alex a los ojos, seguidamente me metí su glande en la boca y Alex puso los ojos en blanco. Le estaba encantando. Empezó a acariciar mi pelo y a empujar sutilmente mi cabeza hacia abajo mientras gemía débilmente. No sabía cuánto más podría aguantarla dentro de mí, pero relajé la garganta y deje pasar al monstruoso falo de mi amigo. No llegué hasta la mitad cuando no pude más y me la saqué de golpe, dejándola bien lubricada.


-Quiero tu culo. – Dijo Alex de repente mientras se incorporaba. No me esperaba eso. No sabía que contestar:
-Ehh… No se…- Musité. ¿Iba a dejar que mi mejor amigo me desvirgase en su primera aventura con el otro sexo?
-Si me has llevado hasta aquí, quiero acabar bien. Así que dame tu culo, puta.- Soltó Alex. ¿Así que le iba el rollo de sumiso? A mi sinceramente no me hacía mucha gracia, ¿pero de verdad iba a dejar escapar esa pedazo de polla?
-Pero primero me tendrás que preparar o algo…-Empecé a decir cuando Alex, sonriendo pícaramente, me dio un pollazo en toda la cara que me dejó sin palabras.
-Tú calla, puta. Harás lo que yo te diga. –Dijo Alex seriamente.
-Vale, vale… Pero digo que…- Otro pollazo. Esto empezaba a rozar lo ridículo.
- Yo diré lo que te haré y lo que harás. ¿Vale puta?- Dijo sin dejar de sonreír. Esto de los roles no lo llevaba muy bien, pero le seguí la corriente y contesté:
-Vale, lo que tú quieras…
-Bien, ahora dame tu culo.- Exigió Alex. Me quité los calzoncillos dejando al aire mi polla dura como un diamante y me subí a la cama y me puse al lado de Alex con mi culo boca arriba.
-¿Ahora qué?- Dije deseoso de saber que iba a pasar.

Alex pasó una pierna al otro lado de mi cuerpo, poniéndose así encima de mí, con su verga justo sobre mi culo. Empezó a restregarla y eso me dio un gustazo impresionante, esa polla caliente y dura, solo para mí, empezando a abrir mi culito, lubricando mis cachetes con saliva. Alex me abrió el culo dejando mi ano completamente al descubierto, escupió en él y con el dedo índice empezó a repartirlo por toda la zona y entonces lo empezó a meter lentamente. Yo de lo cachondo que estaba ya empezaba a dilatar solo, así que le cupieron dos dedos en seguida, con los cuales sentía como masajeaba todo mi interior y abría poco a poco mi agujero. Me estaba volviendo loco de placer, suspiraba contra la almohada ya que no podía hacer mucho ruido, pero si los dedos se escapaban un poco para arriba no podía controlar mis gemidos, el cual Alex acallaba al momento dándome un cachete y diciendo “Calla guarra, que nos van a oír”. “Guarra serás tú” contesté, perdido entre mil estímulos. Le quería seguir el juego, pero no me iba dejar humillar a tal nivel.
-¿Con que esas tenemos? Pues ahora verás.- Dijo con vicio en sus palabras.


Agarró fuertemente mis cachetes, separándolos, dejando mi ano escasamente cubierto de vello abierto a su completa disposición. En ese momento me di cuenta de que era suyo completamente y estaba a su merced, así que más valía disfrutarlo.

Se estiró sobre mí, haciéndome sentir su polla entre mis nalgas y acercó su boca a mi oreja para decirme: -Espero que no te duela.- Le oí reírse sordamente. Después se reincorporó y colocó la punta de su potente verga en la entrada de mi culo. Abriendo mis cachetes más, empezó a empujar su polla dentro de mí. Al principio solo notaba que algo raro estaba entrando dentro de mí, pero poco a poco, a medida que aquel monstruo se iba haciendo paso la intuición dejó paso a un sentimiento de lleno y de leve aun que desesperante dolor. La dejó dentro un rato, mientras le oía respirar agitadamente. La sacó del todo y pude notar como mi ano estaba completamente abierto. Él escupió dentro de mi hoyo y sin previo aviso, la metió hasta el fondo haciéndome sentir un dolor desgarrador. “Por favor, no tan fuerte” imploré mientras el dolor cada vez se extendía más por mi culo. “Eso te pasa por puta desobediente. Y solo acabo de empezar”. Siguió empujando aun que ya estuviese toda dentro y sus huevos empujaban mis cachetes. Cuando el dolor paso un poco, él empezó a meterla y sacarla mientras gemía de placer y esfuerzo a medida que el ritmo iba aumentando. Al principio era una sensación de rozamiento cálido a la entrada de mi ano, pero poco a poco empecé a notar el inmenso placer que daba aquella enorme polla lubricada, que entraba cada vez más dentro de mí, rompiendo mi interior y estimulando mi próstata.

De repente paró y la sacó de mi culo. Ahora sentía un vacío que necesitaba que se volviese a llenar. “Ponte como una perra, que quiero rellenarte bien” me dijo mientras me obligaba a ponerme a cuatro patas, con el culo en pompa para que pudiese penetrarme bien. Bajé la cabeza y entre un hueco de mis brazos vi su cara de vicio y como daba golpecitos con la punta de la polla en mis nalgas. La verga volvió a entrar sin problemas y esta vez si que empezó a bombearme fuertemente, impasible como si quisiese perforarme entero. El placer era a cada clavada profunda cada vez más intenso y nos sincronizamos de tal forma que su rápida perforación iba al compás de mis caderas yendo adelante y atrás. Los dos estábamos sudando y delirios de éxtasis se mezclaban con los golpes secos de sus huevos en mi culo. Me agarró del pelo lo que me hizo levantar la cabeza en una posición un poco incómoda pero extrañamente placentera. Ahora su cipote me estaba partiendo por dentro, sentía que él se iba a correr por que los golpes eran más duros y largos. Se echó para adelante, tocando con su cálido pecho mi espalda y dejó su polla dentro mientras gemía suavemente. “Mmmmmmmaaahh….” Noté como varios chorros de leche caliente inundaban mi interior y como su polla los iba disparando rellenando mi culo. Su cuerpo empezó a relajarse y levantó la cabeza mientras yo le miraba a la cara. Sus ojos verdosos me miraron fijamente, con una leve sonrisa de satisfacción. Pero no había acabado todo.

Sacó cuidadosamente su verga de mi culo, que empezó a brotar leche que se esparció por mis huevos y piernas. Me dio la vuelta, dejándome con las piernas al aire y el culo chorreando. Empezó restregar su polla semi erecta y llena de restos de lefa por mi pecho y abdomen, que subía y bajaba agitadamente. Metió un par de dedos en mi todavía dilatado ano para sacar más corrida, y la puso en mi polla, que estaba como una roca. “Ahora yo te voy a ordeñar”. Repartió el semen por mi pene para lubricarlo y lo empezó a masturbar suavemente. Con solo eso ya estaba a punto de correrme, cuando se acercó a mi cabeza con su balanceante polla gorda, que empecé a limpiar de su corrida y seguí mamándola como un biberón. Estaba a punto de correrme cuando Alex sacó su verga de mi boca y dio un beso a mi capullo mientras me hacía una brutal paja. Yo no pude aguantar más eso así que exploté en mil chorros de leche que mancharon su cara y todo mi cuerpo, mientras yo gemía sordamente del inmenso placer que sentía.


Mi dulce lefa se mezclaba con la suya repartida por mi polla, que él seguía masajeando y con la mano llena de leches, me la acercó a la boca, y yo, como buena putita que soy, me la comí entera y no dejé restos.


Espero que os haya gustado y como siempre me podéis dejar vuestras opiniones en un comentario (que puede ser completamente anónimo y sin registrarte )

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29/12/13

Mini-Relato (2): Se corrió en mi boca

Cerró la puerta de su habitación aun que no había nadie en casa y se quitó los pantalones y los calzoncillos rápidamente. Yo estaba sentado en la cama tímidamente ya que hace apenas unas horas que lo acababa de conocer en clase y ya se estaba desnudando para mi, pero esas eran las ventajas de ser yo. Sonreí en cuanto vi el pedazo trabuco que mi compañero escondía: Era enorme, tanto que ni con dos manos conseguías cogerlo entero, casi sin pelo y sin prepucio, era tan gordo que parecía un dildo. Se acercó a mi con su pene balanceante y lo puso delante de mi, agarrándoselo con una mano para hacerme notar lo enorme que era. Le sonreí mientras le miraba a la cara y le cogí la polla mientras con la otra le masajeaba los huevos, repletos de leche que esperaba a salir disparada de ese trozo de carne. "Mas vale que lo hagas bien, que quiero descargar estas bolas" dijo mientras me acariciaba la cara. Hoy estaba ahí para darle placer a él, pero algún día me devolvería el favor.
Pasé mi mano desde la base hasta la punta para realizar lo grande que era y exacto, era gigante. "Venga empieza, ¡que me quiero correr joder!" En cuanto dijo eso escupí en su polla y empecé a hacerle una paja, sintiendo ese tronco entre mis manos, algo tan duro y caliente rebosante de leche queriendo salpicar mi cuerpo, me ponía super cachondo y le agarré con las dos manos y las deslice frenéticamente alrededor de la verga de mi amigo. El pre-semen empezaba a chorrear de la punta rosada y se iba mezclando con mi saliva y un sonido de roce empapado empezaba a sonar. Me metí la punta del pollón y lo chupé con mi lengua húmeda, lubricándolo y explorando cada centímetro de carne caliente. No me cabía mucho mas allá de la punta, pero era suficiente para succionar y babear con la lengua la polla de mi amigo, que no paraba de gemir. Me la saqué de la boca para hacerle una paja, pero me tiró a la cama y agarrándome la cabeza con fuerza, me puso la polla en la boca y empezó a pajearse como un loco "¡¡¡¡Joder que me corro aaaaaah!!!!!" Y chorros de leche blanca salieron disparados, directos a mi boca y a mi cara, dejándolo todo impregnado del dulce líquido que acababa de exprimir de esos huevos y esa polla deliciosa. 

22/12/13

Mini-relato (1): Pasión en la habitación

Casi no nos dio tiempo a dejar nuestras cosas en el suelo de la habitación cuando él empezó a besar mi boca salvajemente y yo le contestaba mordiendo sus labios suavemente. Los dos sonreíamos mientras nos quitamos la camiseta y dejábamos nuestros cuerpos sudados por el deporte que acabábamos de hacer al aire. Me acerqué rápidamente a sus pezones pequeños y rosados y los empecé a chupar y a repasar con mi lengua, la cual empezó a bajar lentamente por su blanco abdomen, dejando un rastro de mi saliva por sus deliciosas abdominales.

 Bajé el pantalón de deporte que tenía y vi la enorme erección debajo de sus calzoncillos, que empecé a sobar primero con mi mano y después con mi boca. Le di la vuelta y empecé a masajear con mis manos su culito por encima de los boxers, a lo que él empezó a soltar pequeños suspiros de placer. Le hice ponerse de rodillas encima de la silla de su escritorio, con los brazos apoyados en el respaldo y el culo en pompa. Finalmente le quité los calzoncillos y empecé a amasar sus pálidas nalgas. Abrí un poco sus cachetes para dejar al aire su ano rosadito, que ya empezaba a dilatar por el calentón que tenía, y le escupí para lubricarlo y seguidamente empecé a meterle un dedo dentro del recto. Él empezaba a enloquecer y decía entre suaves gemidos "Oh si! Sigue! Más adentro, más adentro!"  y yo seguía penetrandole con mis dedos, que cada vez hacían más grande su agujero. 

Después de dilatar su culito, me bajé los pantalones y acompañé su cabeza hasta mi polla, que empezó a mamarla frenéticamente, lubricando mi verga dura como una roca. Me senté en la silla, con la polla apuntando firmemente hacia arriba, él se acercó con su culito hambriento y, de una sentada, se introdujo mi polla entera hasta que sus cachetes chocaron con mis bolas y soltó un gemido que me estremeció. Mientras él saltaba encima de mi como un conejo, comiéndose mi verga con su culo, yo le agarré la polla, gruesa y blanca, con pre-semen chorreando y salpicándolo todo por los botes que pegaba. Nos mirábamos apasionadamente y yo le comía la boca y le pajeaba mientras el no paraba de gemir y gritar de placer. "¡Me corro, me corro!" exclamó, y chorros de leche blanca acompañados de gemidos estremecedores mancharon todo lo que había alrededor nuestro. La presión de su interior al correrse fue lo que faltó para que yo descargase un potente chorro de corrida dentro de él.

Nos quedamos quietos y yo, todavía dentro suyo, le sonreí y nos besamos en los labios para acabar ese perfecto encuentro