Entradas recientes

28/9/14

Una tarde de estudio

Victor era el chico perfecto. Era muy buena persona con todo el mundo, amable y trabajador y siempre lo adornaba todo con esa sonrisa tan cálida y verdadera. En cuanto a su físico: Jo-der. Era alto, de pelo corto y castaño, ojos grandes y oscuros y unos labios gruesos que daban ganas de morder y alimentarse de sus besos. Su complexión era atlética, de espaldas anchas y fuertes, con los músculos bastante desarrollados para un chico de 16 años y con vello también bastante desarrollado para su edad. Ese punto de madurez era lo que me daba tanto morbo.

 Siempre nos habíamos llevado muy bien, pero nuestra amistad no salía de las clases. Y las clases fue lo que nos llevo a lo que vais a leer a continuación.
Se acercaba el fin de curso y en todas las asignaturas nos pedían trabajos finales en grupo, y resultó que me tocó con Víctor en uno de ellos. Trabajábamos muy bien juntos y yo estaba encantado de estar tanto con él, aunque tenía que procurar que no se diese cuenta de que le miraba más a él que al trabajo. Trabajamos muy duro, pero claro, el trabajo en clase no era suficiente. Llegó el día antes de la presentación y teníamos que prepararla así que esa misma tarde quedamos en su casa, aprovechando que no había nadie para poder estudiar a gusto.

Estuvimos trabajando unas horas hasta que hicimos un descanso. Había notado que Víctor estaba especialmente cariñoso conmigo, quiero decir, me abrazó cuando llegué a su casa, aprovechaba cualquier tontería para tocarme en forma de broma y demás. Y a mí no me importaba para nada. Pero no quería pensar nada raro ya que por lo que sabía, era hetero. Aun que yo para él también lo era.

Se levantó un momento y desapareció de la habitación. Suponía que había ido a buscar algo. Repasé con la mirada la habitación, era bastante sencilla; lo que más ocupaba era una cama de matrimonio que era donde dormía. Me senté en ella y al pasar la mano sobre la almohada noté algo duro, la levante y… no podía ser. Me encontré un consolador. Era surrealista. Víctor era de lejos al que menos me podría imaginar con uno de esos. Y eso hizo que mi parte más sucia despertase. Ya no quería estudiar más. Creo que nos lo íbamos a pasar mejor de otra forma.

Cogí el juguetito, lo guardé en mi bolsillo y salí de la habitación. Me dirigí al lavabo para prepararme pero cuál fue mi sorpresa cuando abrí la puerta y me encontré a mi amigo meando con los pantalones y calzoncillos bajados hasta los tobillos. Por un momento contemplé su culazo y sus piernas fuertes y con una fina capa de vello. Joder que bueno estaba. Parecía que no se había dado cuenta de mi entrada así que saqué el vibrador y me acerqué sigilosamente por detrás. Las últimas gotas habían caído en el agua y justo me puse detrás suyo mientras respiraba suavemente en su cuello y apoyé el juguete entre sus nalgas. Esto hizo que diese un bote y se girase y en cuanto me vio comprendió la situación.
-Veo que te lo pasas bien cuando estás solo, ¿eh?- Dije sonriendo.

Victor se quedó un poco parado y tras unos segundos para entender lo que pasaba, miró para abajo, donde su pene empezaba a marcarse bajo la camiseta que lo tapaba.
-…eso parece… aun que me gustaría más que alguien se lo pasase bien conmigo… - dijo con una sonrisa que hacía su boca más apetecible que nunca.
Cogí aire y empecé a comerle la boca mientras él me agarraba del pelo y yo acariciaba su culo y su espalda. Empezamos a caminar tambaleándonos hasta que llegamos a su habitación, donde él se quitó la camiseta dejando ver su glorioso cuerpo al completo, y me quitó en un momento mi camiseta, pantalones y ropa interior, que chocaron con la pared.


Nos subimos a su cama y me tiré encima de él comiéndole los labios y acariciando sus músculos. Empecé a darle chupetones por todo el cuerpo, cuando se le iluminaron los ojos y me paró para decirme:
-Oye, ya has visto mi juguete… ¿Por qué no demuestras que lo sabes hacer mejor?- Acto seguido se puso a cuatro patas con el culo en pompa, dándome una magnífica vista de sus nalgas terciopeladas y de su rosado agujero que ya empezaba a abrirse del calentón.


Empecé a meter el dedo índice por su ano mientras escupía dentro para lubricar. Tenía la cara cerca de su culo y huelo ese olor tan característico suyo, sudor y mi saliva. Me pone a cien. Sonrío mientras sigo trabajando su ano prieto, que cada vez va cediendo más al masaje de mi dedo. Él está sonriendo de placer, con los ojos cerrados y gimiendo levemente cada vez que mi dedo se adentraba en él. Sus fuertes manos abrían su perfecto culo para que lo pudiese usar bien. Saco el dedo que ha dejado su ano un poco abierto y meto mi cara entre sus suaves nalgas, respirando su esencia que me vuelve loco y chupando poco a poco el perímetro del ano, que cada vez se va abriendo más y más y va haciendo que Víctor suelte gemidos cada vez más profundos. Mi lengua empieza chupando sus nalgas peluditas hasta que se mete por su agujero y lo empiezo a hacer más grande, introduciéndola y saboreando el exquisito culazo de mi amigo que estaba en la gloria del placer que sentía. Bajé un poco más y me encontré con sus huevazos, colgando holgados bajo su ano, los empecé a succionar notando como se balanceaban esas bolsitas rellenas de leche, que a su vez hacían que la polla descomunal se moviese también. Me encantaba comerle el culo a un tío como él, tan fuerte de apariencia pero tan fácil de domar cuando se pone cachondo.


Me levanté de ahí y vi su cuerpo marcando cada músculo, en tensión por el placer que sentía. Me acerqué a su cara y le pregunté con una sonrisa maliciosa: “¿Quieres que te dé ya por culo?” Él contestó con un gemido que interpreté como un sí, así que le pegué un morreo cargado de puro deseo y él se incorporó, poniéndose a cuatro patas, pero primero me puse delante de su cara con la polla durísima por lo que estaba haciendo, se la acerqué a la boca, la cual abrió enseguida y empezó a mamarla como si estuviese hambriento. Rodeaba con sus carnosos labios mi falo y lo metía bien adentro, chupándolo con su lengua caliente y húmeda, lubricándola bien para después. Yo le agarraba del pelo y le conducía, pero él la manejaba perfectamente, tan solo con su boca, succionándola y haciéndome sentir un placer inmenso y unas ganas tremendas de follármelo bien fuerte. Cuando pensé que ya estaba bien recubierta de su saliva, le aparté la cara y lo rodeé, subiéndome encima de la cama y haciendo un poco de presión en su espalda para que su culo subiese más y me la dejase meter sin problemas.
Posé la cabeza de mi polla bien firme en la entrada de su culo ya dilatado y empecé a meterla poco a poco, sintiendo como me iba envolviendo a cada centímetro que me adentraba, cada vez más prieto y más caliente. Notaba como se agarraba a las sabanas y podía intuir su cara de molestia por los suaves gemidos entrecortados que soltaba. Yo le iba acariciando las caderas y las nalgas mientras suspiraba levemente. Cada vez más adentro. Más ajustado. Más placentero. Por fin llegué hasta el fondo, y cuando paré soltamos un gran suspiro. “Joder, nunca te han follado el culo, eh” dije muy cachondo. La dejé dentro para que se acostumbrase mientras me eché para adelante y abracé su fuerte cuerpo. Él gimió levemente, lo cual yo entendí como que ya estaba listo para seguir.

Me reincorporé y empecé a sacar mi polla mientras él tensaba su espalda. No la llegué a sacarla del todo y la metí, ahora sí, de golpe hasta el fondo. Esto hizo soltar un pequeño gruñido a Victor, que me puso más todavía. Así que lo repetí unas cuantas veces más: La sacaba lentamente dejándole sentir como se iba aflojando su culo y después la empujaba hasta el fondo, sacudiendo su musculoso cuerpo y haciéndole gruñir.
Poco a poco dejé de hacer paradas tan bruscas y empecé a bombear. El placer empezaba a hacer efecto en nosotros. Empezábamos a sudar y los músculos de su cincelado cuerpo se marcaban más. Sus gruñidos pasaron a ser cortos gemidos y mis suspiros fueron sustituidos por delirios de placer, que se remarcaban con alguna frase tipo “Oh sí” o “Sigue así, te gusta ¿eh?”


Íbamos sincronizados. El placer nos movía como a animales, cada vez queriendo más. El olor a hombre inundaba la habitación igual que los gemidos y los gritos de ambos. En un arrebato, cogí a Víctor por el pecho y lo alcé, dejándolo de rodillas mientras seguía perforando su culo. Me acercó su boca a la mía y yo le contesté comiéndole los labios y entrelazando las lenguas en un juego muy húmedo y caliente de nuestras bocas mientras sentía sus resoplidos en mi cara cada vez que la metía. El me acariciaba el cuello con su mano mientras yo acariciaba su brazo flexionado, axila peluda, cuello, pecho y al final sus excitantes pezones que estaban erizados. Cada pellizco contraía su esfínter, presionándome más la polla y acelerando la salida de mi leche.


Sus nalgas húmedas rebotaban en mis caderas y ahí me dejé llevar. Me quedé quieto y noté como mi polla se ponía como una roca y como chorros y chorros de leche salían disparados de ella, rellenando el culo de mi amigo. Éste gimió al notar como el liquido caliente lo inundaba y como lubricaba su ano, dejándolo más resbaladizo que nunca y haciendo que llegase hasta el final sin problemas. Le acaricié la espalda hasta llegar a sus hombros y lo aguanté mientras sacaba mi pene lentamente, dejando salir unos hilos de semen de su dilatado y rosado ano. Antes de que saliese más, me tumbé boca arriba delante de él y empecé a chupar poco a poco alrededor de su agujero los restos de mi lefa y subí a sus holgados huevos peludos, que metí en mi boca y saboreé esa mezcla de sudor, saliva y lefa.


No tardó en correrse encima de mí, al son de unos dulces gemidos al vaciarse la polla con 4 chorros de espesa leche mientras yo seguía succionando sus bolas.

Después de un momento de realización de lo que acababa de ocurrir, nos quedamos mirando y sonreímos levemente. Me parece que iba a visitar más frecuentemente a Víctor para “estudiar”.



Espero que os haya gustado y como siempre me podéis dejar vuestras opiniones en un comentario (que puede ser completamente anónimo y sin registrarte )
Contacto: greenlook15@gmail.com   Twitter: @greenlook15

15/2/14

Una noche sometido

Hace un tiempo, un día de caluroso verano, mi mejor amigo Alex se quedó a dormir en mi casa. No es que fuese un tío muy especial físicamente: No estaba gordo pero tampoco muy marcado, aun que si que estaba fuerte. Aun que teníamos apenas 15 años él ya tenía un poco de barba en su cara, que le daba un toque más adulto y maduro, aun que seguía siendo un rebelde que no hacía caso a nadie.

El día avanzó normal, sin nada destacable. Hasta que llegó la noche cuando nos fuimos a dormir. Como teníamos mucha confianza y el calor era inaguantable nos fuimos los dos a dormir en calzoncillos, los suyos por cierto, le marcaban su abultado paquete de forma exagerada. Nos tumbamos en las camas que estaban juntas para así poder hablar mejor. Estuvimos un rato hablando y una cosa llevó a la otra hasta que nos empezamos a tocar los culos en forma de coña. Su culo para que nos vamos a engañar, estaba muy bien: Era redondo y firme pero un poco mullido. Un culazo vamos.


Seguimos con la broma hasta que le agarré bien el cachete y se quedó callado. Él me hizo lo mismo y, en el silencio de la noche, como poseído por una fuerza, me acerqué un poco más y le dije:
-¿Y si te hago esto? – dije poniendo mi mano encima de su bulto. Nos quedamos callados hasta que él dijo en un suspiro casi inaudible: “venga, hazlo”.
No me lo podía creer, mi mejor amigo, con el que había compartido tantas cosas y experiencias, ahora íbamos a compartir algo inolvidable. 

Empecé a intuir la forma de su pene que empezó a marcarse más y más en sus boxers y en muy pocos segundos podía notar su palpitante polla, la cual empecé a acariciar cuidadosamente, notándola  en mi mano, erecta, caliente, rebosante de deseo y sobretodo enigmática. No puedo contar las veces con las que había soñado con el pene de Alex: Saber cómo sería, cuanto mediría, que forma tendría… y esa noche lo iba a descubrir.

Lo rodeé con suavidad por encima de la ropa y noté que era bastante grueso y largo. Todavía no estaba seguro de hasta donde se dejaría llevar mi amigo, me acerqué a su espalda, caliente y suave, rozándola con mi pecho desnudo, lo cual no incomodó a Alex, ni siquiera se movió, lo cual me tranquilizó e hizo que acercara mis labios a su oreja derecha para susurrarle:
-¿Quieres que siga?

El asintió con la cabeza sigilosamente. Así que respiré hondo porque todavía no me creía lo que estaba pasando, y puse a Alex boca arriba, el cual no ofreció ninguna resistencia, es más, se dejaba llevar por mí como un títere. La luz de la Luna que entraba melodramática por la ventana dibujaba la silueta de su bulto, más grande de lo que me había imaginado al palparlo, así que me decidí de una vez y baje su ceñido bóxer.
Lo que veía me dejó paralizado unos segundos. Superaba todas las expectativas que tenía: su polla era gloriosamente perfecta. Era enorme, no solo por los 18 cm pasados de largo sino también por el ancho, que podía ser casi como el diámetro de un bote de desodorante. Sus huevos colgaban flácidamente, recubiertos por un poco de vello claro, nada que ver con la selva de la base de su pene, que era un bosque de vello que crecía rizado, negro y tupido, y aun así hacia que su verga pareciese enorme. Alex no era mucho de depilarse, pero a mi ese vello me encantaba. La polla seguía abriéndose paso entre la mata de pelo, subiendo recta y señorial, para acabar en un prepucio que recubría de un glande acabado en punta. Su polla era de ensueño, y ni en un millón de fantasías me había imaginado algo así.



Le miré a la cara, y por las facciones que dejaban ver la poca luz que había, estaba relajado, sin moverse, mientras me miraba tranquilamente, confiando plenamente en mí. Así que empecé a acariciar el suave abdomen de Alex haciendo que el vello se pusiese de punta. Bajé mis manos lentamente hasta su selva donde empecé a masajear los huevos, que colgaban flácidamente entre las piernas. Los tocaba y apretaba suavemente, mientras pasaba mis dedos por su pelaje tupido y agarré su polla con una mano y me di cuenta de lo verdaderamente grande que era. Mi amigo escondía un buen tesoro que yo acababa de descubrir. La empecé a pajear cariñosamente, haciendo subir y bajar el prepucio y asomando su glande puntiagudo. Cogí la polla con las dos manos y la empecé a mover más salvajemente. Alex me miraba impasible, cada vez con los ojos más abiertos. Empezó a suspirar de placer mientras me acariciaba tímidamente los brazos. Lubriqué mi mano con mi saliva y la repartí por la polla de mi amigo, la cual ahora estaba bien resbaladiza y lista para poder mamarla. Como no sabía si me iba a caber entera, empecé a chupar la punta tímidamente, mientras miraba a Alex a los ojos, seguidamente me metí su glande en la boca y Alex puso los ojos en blanco. Le estaba encantando. Empezó a acariciar mi pelo y a empujar sutilmente mi cabeza hacia abajo mientras gemía débilmente. No sabía cuánto más podría aguantarla dentro de mí, pero relajé la garganta y deje pasar al monstruoso falo de mi amigo. No llegué hasta la mitad cuando no pude más y me la saqué de golpe, dejándola bien lubricada.


-Quiero tu culo. – Dijo Alex de repente mientras se incorporaba. No me esperaba eso. No sabía que contestar:
-Ehh… No se…- Musité. ¿Iba a dejar que mi mejor amigo me desvirgase en su primera aventura con el otro sexo?
-Si me has llevado hasta aquí, quiero acabar bien. Así que dame tu culo, puta.- Soltó Alex. ¿Así que le iba el rollo de sumiso? A mi sinceramente no me hacía mucha gracia, ¿pero de verdad iba a dejar escapar esa pedazo de polla?
-Pero primero me tendrás que preparar o algo…-Empecé a decir cuando Alex, sonriendo pícaramente, me dio un pollazo en toda la cara que me dejó sin palabras.
-Tú calla, puta. Harás lo que yo te diga. –Dijo Alex seriamente.
-Vale, vale… Pero digo que…- Otro pollazo. Esto empezaba a rozar lo ridículo.
- Yo diré lo que te haré y lo que harás. ¿Vale puta?- Dijo sin dejar de sonreír. Esto de los roles no lo llevaba muy bien, pero le seguí la corriente y contesté:
-Vale, lo que tú quieras…
-Bien, ahora dame tu culo.- Exigió Alex. Me quité los calzoncillos dejando al aire mi polla dura como un diamante y me subí a la cama y me puse al lado de Alex con mi culo boca arriba.
-¿Ahora qué?- Dije deseoso de saber que iba a pasar.

Alex pasó una pierna al otro lado de mi cuerpo, poniéndose así encima de mí, con su verga justo sobre mi culo. Empezó a restregarla y eso me dio un gustazo impresionante, esa polla caliente y dura, solo para mí, empezando a abrir mi culito, lubricando mis cachetes con saliva. Alex me abrió el culo dejando mi ano completamente al descubierto, escupió en él y con el dedo índice empezó a repartirlo por toda la zona y entonces lo empezó a meter lentamente. Yo de lo cachondo que estaba ya empezaba a dilatar solo, así que le cupieron dos dedos en seguida, con los cuales sentía como masajeaba todo mi interior y abría poco a poco mi agujero. Me estaba volviendo loco de placer, suspiraba contra la almohada ya que no podía hacer mucho ruido, pero si los dedos se escapaban un poco para arriba no podía controlar mis gemidos, el cual Alex acallaba al momento dándome un cachete y diciendo “Calla guarra, que nos van a oír”. “Guarra serás tú” contesté, perdido entre mil estímulos. Le quería seguir el juego, pero no me iba dejar humillar a tal nivel.
-¿Con que esas tenemos? Pues ahora verás.- Dijo con vicio en sus palabras.


Agarró fuertemente mis cachetes, separándolos, dejando mi ano escasamente cubierto de vello abierto a su completa disposición. En ese momento me di cuenta de que era suyo completamente y estaba a su merced, así que más valía disfrutarlo.

Se estiró sobre mí, haciéndome sentir su polla entre mis nalgas y acercó su boca a mi oreja para decirme: -Espero que no te duela.- Le oí reírse sordamente. Después se reincorporó y colocó la punta de su potente verga en la entrada de mi culo. Abriendo mis cachetes más, empezó a empujar su polla dentro de mí. Al principio solo notaba que algo raro estaba entrando dentro de mí, pero poco a poco, a medida que aquel monstruo se iba haciendo paso la intuición dejó paso a un sentimiento de lleno y de leve aun que desesperante dolor. La dejó dentro un rato, mientras le oía respirar agitadamente. La sacó del todo y pude notar como mi ano estaba completamente abierto. Él escupió dentro de mi hoyo y sin previo aviso, la metió hasta el fondo haciéndome sentir un dolor desgarrador. “Por favor, no tan fuerte” imploré mientras el dolor cada vez se extendía más por mi culo. “Eso te pasa por puta desobediente. Y solo acabo de empezar”. Siguió empujando aun que ya estuviese toda dentro y sus huevos empujaban mis cachetes. Cuando el dolor paso un poco, él empezó a meterla y sacarla mientras gemía de placer y esfuerzo a medida que el ritmo iba aumentando. Al principio era una sensación de rozamiento cálido a la entrada de mi ano, pero poco a poco empecé a notar el inmenso placer que daba aquella enorme polla lubricada, que entraba cada vez más dentro de mí, rompiendo mi interior y estimulando mi próstata.

De repente paró y la sacó de mi culo. Ahora sentía un vacío que necesitaba que se volviese a llenar. “Ponte como una perra, que quiero rellenarte bien” me dijo mientras me obligaba a ponerme a cuatro patas, con el culo en pompa para que pudiese penetrarme bien. Bajé la cabeza y entre un hueco de mis brazos vi su cara de vicio y como daba golpecitos con la punta de la polla en mis nalgas. La verga volvió a entrar sin problemas y esta vez si que empezó a bombearme fuertemente, impasible como si quisiese perforarme entero. El placer era a cada clavada profunda cada vez más intenso y nos sincronizamos de tal forma que su rápida perforación iba al compás de mis caderas yendo adelante y atrás. Los dos estábamos sudando y delirios de éxtasis se mezclaban con los golpes secos de sus huevos en mi culo. Me agarró del pelo lo que me hizo levantar la cabeza en una posición un poco incómoda pero extrañamente placentera. Ahora su cipote me estaba partiendo por dentro, sentía que él se iba a correr por que los golpes eran más duros y largos. Se echó para adelante, tocando con su cálido pecho mi espalda y dejó su polla dentro mientras gemía suavemente. “Mmmmmmmaaahh….” Noté como varios chorros de leche caliente inundaban mi interior y como su polla los iba disparando rellenando mi culo. Su cuerpo empezó a relajarse y levantó la cabeza mientras yo le miraba a la cara. Sus ojos verdosos me miraron fijamente, con una leve sonrisa de satisfacción. Pero no había acabado todo.

Sacó cuidadosamente su verga de mi culo, que empezó a brotar leche que se esparció por mis huevos y piernas. Me dio la vuelta, dejándome con las piernas al aire y el culo chorreando. Empezó restregar su polla semi erecta y llena de restos de lefa por mi pecho y abdomen, que subía y bajaba agitadamente. Metió un par de dedos en mi todavía dilatado ano para sacar más corrida, y la puso en mi polla, que estaba como una roca. “Ahora yo te voy a ordeñar”. Repartió el semen por mi pene para lubricarlo y lo empezó a masturbar suavemente. Con solo eso ya estaba a punto de correrme, cuando se acercó a mi cabeza con su balanceante polla gorda, que empecé a limpiar de su corrida y seguí mamándola como un biberón. Estaba a punto de correrme cuando Alex sacó su verga de mi boca y dio un beso a mi capullo mientras me hacía una brutal paja. Yo no pude aguantar más eso así que exploté en mil chorros de leche que mancharon su cara y todo mi cuerpo, mientras yo gemía sordamente del inmenso placer que sentía.


Mi dulce lefa se mezclaba con la suya repartida por mi polla, que él seguía masajeando y con la mano llena de leches, me la acercó a la boca, y yo, como buena putita que soy, me la comí entera y no dejé restos.


Espero que os haya gustado y como siempre me podéis dejar vuestras opiniones en un comentario (que puede ser completamente anónimo y sin registrarte )

Contacto: greenlook15@gmail.com   Twitter: @greenlook

29/12/13

Mini-Relato (2): Se corrió en mi boca

Cerró la puerta de su habitación aun que no había nadie en casa y se quitó los pantalones y los calzoncillos rápidamente. Yo estaba sentado en la cama tímidamente ya que hace apenas unas horas que lo acababa de conocer en clase y ya se estaba desnudando para mi, pero esas eran las ventajas de ser yo. Sonreí en cuanto vi el pedazo trabuco que mi compañero escondía: Era enorme, tanto que ni con dos manos conseguías cogerlo entero, casi sin pelo y sin prepucio, era tan gordo que parecía un dildo. Se acercó a mi con su pene balanceante y lo puso delante de mi, agarrándoselo con una mano para hacerme notar lo enorme que era. Le sonreí mientras le miraba a la cara y le cogí la polla mientras con la otra le masajeaba los huevos, repletos de leche que esperaba a salir disparada de ese trozo de carne. "Mas vale que lo hagas bien, que quiero descargar estas bolas" dijo mientras me acariciaba la cara. Hoy estaba ahí para darle placer a él, pero algún día me devolvería el favor.
Pasé mi mano desde la base hasta la punta para realizar lo grande que era y exacto, era gigante. "Venga empieza, ¡que me quiero correr joder!" En cuanto dijo eso escupí en su polla y empecé a hacerle una paja, sintiendo ese tronco entre mis manos, algo tan duro y caliente rebosante de leche queriendo salpicar mi cuerpo, me ponía super cachondo y le agarré con las dos manos y las deslice frenéticamente alrededor de la verga de mi amigo. El pre-semen empezaba a chorrear de la punta rosada y se iba mezclando con mi saliva y un sonido de roce empapado empezaba a sonar. Me metí la punta del pollón y lo chupé con mi lengua húmeda, lubricándolo y explorando cada centímetro de carne caliente. No me cabía mucho mas allá de la punta, pero era suficiente para succionar y babear con la lengua la polla de mi amigo, que no paraba de gemir. Me la saqué de la boca para hacerle una paja, pero me tiró a la cama y agarrándome la cabeza con fuerza, me puso la polla en la boca y empezó a pajearse como un loco "¡¡¡¡Joder que me corro aaaaaah!!!!!" Y chorros de leche blanca salieron disparados, directos a mi boca y a mi cara, dejándolo todo impregnado del dulce líquido que acababa de exprimir de esos huevos y esa polla deliciosa. 

22/12/13

Mini-relato (1): Pasión en la habitación

Casi no nos dio tiempo a dejar nuestras cosas en el suelo de la habitación cuando él empezó a besar mi boca salvajemente y yo le contestaba mordiendo sus labios suavemente. Los dos sonreíamos mientras nos quitamos la camiseta y dejábamos nuestros cuerpos sudados por el deporte que acabábamos de hacer al aire. Me acerqué rápidamente a sus pezones pequeños y rosados y los empecé a chupar y a repasar con mi lengua, la cual empezó a bajar lentamente por su blanco abdomen, dejando un rastro de mi saliva por sus deliciosas abdominales.

 Bajé el pantalón de deporte que tenía y vi la enorme erección debajo de sus calzoncillos, que empecé a sobar primero con mi mano y después con mi boca. Le di la vuelta y empecé a masajear con mis manos su culito por encima de los boxers, a lo que él empezó a soltar pequeños suspiros de placer. Le hice ponerse de rodillas encima de la silla de su escritorio, con los brazos apoyados en el respaldo y el culo en pompa. Finalmente le quité los calzoncillos y empecé a amasar sus pálidas nalgas. Abrí un poco sus cachetes para dejar al aire su ano rosadito, que ya empezaba a dilatar por el calentón que tenía, y le escupí para lubricarlo y seguidamente empecé a meterle un dedo dentro del recto. Él empezaba a enloquecer y decía entre suaves gemidos "Oh si! Sigue! Más adentro, más adentro!"  y yo seguía penetrandole con mis dedos, que cada vez hacían más grande su agujero. 

Después de dilatar su culito, me bajé los pantalones y acompañé su cabeza hasta mi polla, que empezó a mamarla frenéticamente, lubricando mi verga dura como una roca. Me senté en la silla, con la polla apuntando firmemente hacia arriba, él se acercó con su culito hambriento y, de una sentada, se introdujo mi polla entera hasta que sus cachetes chocaron con mis bolas y soltó un gemido que me estremeció. Mientras él saltaba encima de mi como un conejo, comiéndose mi verga con su culo, yo le agarré la polla, gruesa y blanca, con pre-semen chorreando y salpicándolo todo por los botes que pegaba. Nos mirábamos apasionadamente y yo le comía la boca y le pajeaba mientras el no paraba de gemir y gritar de placer. "¡Me corro, me corro!" exclamó, y chorros de leche blanca acompañados de gemidos estremecedores mancharon todo lo que había alrededor nuestro. La presión de su interior al correrse fue lo que faltó para que yo descargase un potente chorro de corrida dentro de él.

Nos quedamos quietos y yo, todavía dentro suyo, le sonreí y nos besamos en los labios para acabar ese perfecto encuentro

24/11/13

De pajas con los colegas (II): Solos en casa de David

Todo empezó con un trabajo de clase de ciencias naturales. Era por grupos y eso no me gustaba mucho porque siempre me tocaban con los vagos que no hacían nada, pero esta vez me tocó con mi amigo David. Un chico con el pelo corto y negro, ojos castaños, nariz roma, labios un poco gruesos y rojos y un cuerpo atlético y bronceado ya que le gustaba cuidarse. Es simpático y risueño pero muy rebelde y con nuestra creciente cantidad de hormonas, estábamos todo el día hablando de cosas guarras. Por aquella época los dos éramos muy buenos amigos así que nos encantó la idea de trabajar juntos. Cuando se acabó la clase, nos juntamos para hablar y concretar el día para quedar y hacer el trabajo. David se acercó y me dijo:
-Pues si no tienes nada que hacer, vente este miércoles cuando salgamos de clase, que no hay nadie en mi casa.- Me dijo con una sonrisa en la cara. Esa idea me gustó así que acepté. Siempre intentábamos quedar cuando no había nadie en casa para así poder hacernos pajas, pero lo que iba a pasar aquel día no estaba en los planes de ninguno de nosotros dos.

Llegó el miércoles por la tarde y salimos de clase juntos, caminando hacía su casa.

-Bueno, primero comemos algo y después ya decidiremos qué hacer.- Dijo David mientras abría la puerta del bloque de pisos donde vivía. Subimos en el ascensor, donde me di cuenta de que David estaba muy bueno: nunca lo había observado tan de cerca y tan pausadamente, lo que me hizo contemplar su cuerpo atlético y tonificado por sus frecuentes visitas al gimnasio. Abrió la puerta del ascensor y metió la llave en la puerta de su piso. Entramos y dejamos todas las cosas de clase en su habitación.
-Oye tío, me voy a quitar la camiseta que hace mucho calor.- Dije mientras me quitaba la camiseta y la dejaba encima de su cama.

-Buff yo también, así estaremos mejor… para después.- Dijo David con su sonrisa perpetua. Se quitó la camiseta dejándome ver su delicia de cuerpo: una piel suave y bronceada que marcaba sus abdominales de infarto, unos pectorales decorados con unos pezones pequeños y oscuros y unos brazos fuertes y con las axilas depiladas, como todo su cuerpo ya que como he dicho, le preocupaba mucho su imagen. Eso me dejó hipnotizado.


Me acompañó a la cocina mientras observaba su firme culo ir y venir a través de sus holgados pantalones de deporte. Cuando llegamos a la cocina, le dije que en realidad no tenía mucha hambre, así que no iba a comer nada. El tampoco cogió nada así que fuimos otra vez a su habitación, sin dejar de mirarle ese culito que me estaba volviendo loco.

-Bueno, deja que mire el correo antes de empezar a trabajar, ¿vale?- Me dijo David mientras se sentaba frente su escritorio y encendía el ordenador.

Pasaron unos minutos en silencio mientras David abría y cerraba pestañas del ordenador. No podía parar de pensar en el cuerpo de mi amigo y en las mil y una cerdadas que le haría si fuese mío. Me empecé a calentar pensando en eso, así que le dije:

-Oye tío, ¿cuándo vamos a pajearnos?, porque hace ya un par de días que no me hago una paja y lo necesito.- Dije sonriendo mientras me tocaba el paquete, que empezaba a abultarse por lo que estaba pensando.

-Pues si tú quieres, ahora mismo. Yo también hace unos días que no me pajeo. Me estaba reservando para hoy. – Dejó caer David, sonriente, mientras ponía la página porno que frecuentábamos cada vez que estábamos juntos. En la página principal salían todas las categorías, incluso la de “porno gay”. Lo que vino a continuación nunca me lo hubiese esperado de David, siendo él uno de los amigos más hetero que tenía. Puede que por eso me excitase tanto al mezclarlo con mis fantasías gays.

- Oye, ¿tú has visto alguna vez un vídeo porno gay?- Me preguntó tímidamente, mientras giraba la silla para mirarme fijamente.

No sabía que contestar. Hacía relativamente poco el mundo homosexual era un completo extraño para mí. Pero si lo preguntaba era por algo, seguramente porque él también había sentido curiosidad. Así que decidí seguirle el juego y decirle:

-Pues sí, para ver cómo era. ¿Y tú?

-Yo también, el otro día le di sin querer a uno. Y dios, como se la metían por el culo.- Dijo David, con una expresión que no podía distinguir si era de fascinación o de repulsión.

-Ja ja, claro. ¿Por dónde se la van a meter sino?- Dije un poco cortado, para evitar que se notase que había investigado un poco más allá de la curiosidad. -¿Vemos otro a ver qué tal?- Pregunté. No creo que David hubiese empezado a hablar ese tema sin más, y quería ver hasta donde podíamos llegar.

-Vale venga, pero que conste que lo pongo porque tú lo has dicho.- Dijo sonriendo tímidamente mientras hacía clic sobre la miniatura de un vídeo gay. Era un vídeo que empezaba con dos “twinks” en una habitación, se empezaban a besar y, bueno, ya sabemos cómo sigue.

Los dos nos quedamos viendo el vídeo, como hipnotizados, ahí me di cuenta que David estaba bastante interesado en el vídeo. Miré a sus pantalones, y para mi sorpresa, había un bulto bastante considerable e imposible de esconder. ¿Podía ser que a David le interesasen los chicos? Eso encendió una lucecita en mí que me impulsó a seguir hasta el final, cada vez más convencido de que no había sacado ese tema al azar. Aun que si empezaba, no había vuelta atrás, pero seguí adelante:

-Veo que te gusta, ¿eh?- Dije sonriendo, sin dejar de mirar a su paquete, para que se viera a lo que me estaba refiriendo.

-Ehh… no… no te creas eh… - Musitó. Lo había pillado, no podía ocultar que le gustaba. Para seguirle el juego le dije.

-Vale, pues vamos a quitarnos los pantalones.-Le dije desafiante, con media sonrisa haciéndole saber que no tenía escapatoria. Yo también estaba empalmado, pero no creo que se fuese a dar cuenta. David me miró nervioso, y después de unos segundos sin saber qué hacer, suspiró y se bajó los pantalones y calzoncillos dejándome ver su polla, más erecta que nunca, con su glande rojo y puntiagudo empezando a echar pre semen. Su verga, como el resto de su cuerpo, también era perfecta: era recta, de unos 16 cm, circuncidada. Sus bolas estaban bien prietas, y todo recubierto por un escaso vello claro y rizado.

-¿Con que no pasaba nada eh?- Dije con una sonrisa de satisfacción. Por su expresión, esto debía ser muy incómodo y vergonzoso para él, pero yo me lo estaba pasando muy bien.

David se quedó mudo hasta que cogió valor y dijo:

-Oye, esto… no se lo puedes contar a nadie, ¿vale? Es que… hace un tiempo que me picó la curiosidad y… - Se calló y bajó la cabeza. No podía seguir, pero tampoco hacía falta. Sabía que esto era muy duro para él, así que le acaricié el hombro suavemente para darle ánimos.

-Tranquilo, no pasa nada. Tu secreto está a salvo conmigo. La verdad es que… - supuse que si yo había descubierto su secreto él también tenía derecho a saber el mío, así que me bajé los pantalones mostrando mi pene, semi-erecto por lo que había pasado. -La verdad es que… bueno… yo también… me gusta.- Murmuré, ya que me costaba decirlo en voz alta.

David me miró fijamente a los ojos, y yo le sonreí tímidamente para no parecer tan agresivo.

-Bueno, entonces este será nuestro gran secreto, ¿vale?- Dijo David. Y de repente me abrazó, su barbilla apoyada en mi hombro, sentí su cálida piel rozando la mía. Le rodeé con mis brazos juntándonos más, presionándonos, congelando el tiempo y deseando que ese momento no terminase nunca.


Al cabo de unos segundos, nos separamos y nos miramos a los ojos fijamente, sin decir nada, inmóviles por lo que acababa de ocurrir. Hasta que David dijo:

-Bueno… voy al lavabo un momento… ahora vengo.- Tartamudeó para romper el hielo. Salió de la habitación, dejándome allí desnudo y sin saber qué hacer: ¿Qué pasaría a partir de ahora entre nosotros? Porque estaba seguro que lo que había pasado iba a cambiar nuestra relación, para bien o para mal. Al cabo de un par de minutos, David volvió con su sonrisa habitual, como si no hubiese pasado nada. Se sentó a mi lado y dijo:

-Emmm… ya que sabemos lo que nos gusta de verdad, ¿porque vamos a desperdiciar esta empalmada?- Dijo con una sonrisa traviesa mientras se volvía a bajar los pantalones, mostrando sin miedo su pene erecto.

No dudé ni un segundo en decir que sí. Era como si alguien me leyera la mente e hiciese mis fantasías realidad. Yo seguía con los pantalones bajados, así que mi pene al ver otra vez el exquisito cuerpo de David al completo, se puso duro en un momento.

David clicó en otro vídeo gay y esta vez nos comenzamos a pajear como desesperados. David tenía mucho aguante así que empezó a sudar y a tensar sus músculos, lo que me hizo olvidarme del vídeo y fijarme completamente en él, que se dio cuenta y paró de tocarse para decirme con un tono casi de obligación: ¿Quieres acercarte un poco más?- Dijo mientras agarraba mis manos cuidadosamente y las llevaba hacia su cuerpo. Yo me dejaba llevar como un muñeco. Puso mis manos sobre sus pectorales, duros como losas, con sus pezones contraídos de la excitación. Empecé a pellizcarlos suavemente, mientras él me miraba, medio jadeante, asintiendo, aprobando que le manoseara. Me acerque más a él y comencé a sobar sus pectorales y brazos. Aproximé mis labios a su suave piel y la empecé a besar tiernamente. Primero sus bíceps definidos, después un poco su pecho, después empecé a subir por su cuello lentamente, palpando cada centímetro de su piel con mis labios mientras él me dejaba vía libre. Llegué a su mejilla y justo cuando iba a llegar a su boca, me separé lo justo para mirarle a la cara. Estaba con los ojos entrecerrados y la boca medio abierta, jadeante, en un estado de excitación que nunca había sentido. Cuando notó que había parado de besarle, abrió los ojos para mirarme extrañado:

-Tu cuerpo está delicioso.- Dije sonriente.- Déjame probar más partes.


David suspiró afirmativamente y empezó a acariciar mi espalda, cada vez más sumergido en el placer.

Bajé hacia sus abdominales, recorriendo cada recoveco con mis labios, sintiendo como David se estremecía con el contacto en su piel. Seguí bajando hasta que de repente, su polla chocó con mi barbilla. Bajé la vista y ahí estaba, a un palmo de mi, más cerca que nunca, en su máximo esplendor. Su glande rosado apuntaba directamente hacia mí, expulsando un poco de pre-semen. Eso es que David no iba a durar mucho. Así que le pajeé suavemente, sintiendo su verga caliente entre mi mano, que se iba manchando cada vez mas de pre-semen, lo que lubricaba su polla y hacía que David empezase a perder el sentido del placer.

Le dije “¿Quieres terminar ya?” mientras aumentaba el ritmo de la paja. A lo que él, mientras tensaba su musculoso cuerpo y empezaba a gemir suavemente me dijo entrecortadamente “¡¡S-s-ss-siii!!!!” Mi intención era metérmela en la boca, pero solo me dio tiempo a acercar mi cara cuando un potente chorro de leche caliente y espesa acompañada de un gran gemido de David salpicó mi cara.


David quedó tirado en su silla jadeante, con cada uno de los músculos marcándose en su suave piel por la tensión del orgasmo. Me quedé sin palabras, a lo que David, después de recuperarse, se empezó a reír y a hacer bromas. Me encantaba como estaba cuando se reía:

-Hazte así, que creo que tienes algo en la cara… ¡Ja ja ja ja!- Empezó a reírse. Me levanté y para seguirle la broma le dije “Ven, ven, dame un besito anda”. Los dos nos reímos un rato hasta que miré el reloj. Se había hecho muy tarde y mis padres me matarían si no llegaba a casa dentro de poco. Así que me dirigí al lavabo y, mientras me lavaba, David entró desnudo y con una sonrisa de satisfacción en la cara. Mientras me secaba con una toalla, le dije:

-Esta vez tú te has corrido, pero la próxima me toca a mí, cabrón.-Dije sonriendo.
-Eso ya lo veremos.- Rió David.

Salí del baño y antes de salir por la puerta solté:
-Bueno, pues… ya nos veremos y eso.- No sabía qué hacer. No lo había pensado, ¿ahora qué pasaría entre nosotros?



Lo descubriréis en el próximo capítulo :P
Espero que os haya gustado y como siempre me podéis dejar vuestras opiniones en un comentario (que puede ser completamente anónimo y sin ni siquiera registrarte ;) )

Contacto: greenlook15@gmail.com   Twitter: @greenlook15

1/8/13

Los últimos del vestuario

Aún que era primavera, aquel día estaba lloviendo a cántaros y no parecía que fuese a cambiar. La última clase que teníamos era Educación Física, y el profesor nos pidió a dos chicas, a un amigo y a mí que nos quedásemos a ayudar. Ese amigo se llamaba Adrián. Nos conocíamos desde pequeños, pero últimamente nos habíamos acercado un poco más al otro. Adrián era un chico más bajito que yo, con el pelo corto castaño clarito casi rubio, ojos color miel y cara de niño, aunque el pendiente que llevaba en el lóbulo izquierdo y su comportamiento rebelde y pícaro lo contrarrestaba. Corría el rumor de que era gay, pero era simplemente eso, un rumor. Al ser la última clase y estar lloviendo, ya no quedaba nadie en el colegio, aparte de nosotros y algún castigado por los profesores.

Una vez que acabamos de ayudar a nuestro profesor, volvimos al vestuario para cambiarnos el equipamiento del colegio mojado por la lluvia.

-El ejercicio que hacemos en clase me deja muerto. El primer día no me podía ni mover – Dijo Adrián mientras ponía su mochila encima de un banco del vestuario y empezaba a sacar ropa para cambiarse.

-Ya, son ejercicios duros, pero así nos acostumbramos a hacer ejercicio como si fuésemos a un gimnasio. Yo creo que está empezando a hacer efecto en mí. ¿Tú que crees? – Le dije mientras me quitaba la camiseta mojada.

No es que estuviese muy marcado, pero era cierto que los ejercicios que hacíamos en clase de educación física me habían ayudado a definir mis músculos, sobre todo los abdominales, pectorales y bíceps. Me puse de cara a él y le volví a preguntar.

-La verdad es que sí que ayudan, se nota que haces ejercicio. ¿Qué opinas de mí?- Dijo mientras se quitaba la camiseta y dejaba ver un cuerpo casi sin modelar, similar al de un niño que hace deporte. Aunque no fuese un sex symbol, su suave torso me ponía mucho y era el centro de atención de mis miradas indiscretas cada vez que nos cambiábamos en el vestuario.

-Tampoco soy un modelo de Calvin Klein, pero algo se nota, ¿no? – Se rio Adrián mientras se acercaba a mí y se puso a comparar sus músculos con los míos. Empezó a tocarme los brazos y mientras me reía yo hice lo mismo, hasta que él en un rápido movimiento empezó a acariciar mi abdomen. 

Paramos de reír y nos miramos a los ojos. Sabía lo que quería, sus ojos dorados me lo decían. Me quería a mí. Y yo lo quería a él también, así que empezó algo que solo había ocurrido en mis mejores sueños. Lo agarré por la espalda, acariciando su suave piel de adolescente y lo acerqué hacia mí. Él también apretaba mi espalda haciendo que nuestros cuerpos húmedos por la lluvia se rozasen, dándose calor y excitándonos. Sentía su aliento muy cerca de mí, busqué sus labios con los míos y empecé a besarlos y a morderlos suavemente mientras seguíamos abrazados.

 Bajé mis manos un poco y las metí en sus calzoncillos, buscando su culito que como me esperaba era muy suave, y el cual se encogió cuando sintió el contacto de mis manos. Él dejó mi boca y empezó a besar suavemente mi pecho y mis pezones, lo cual me ponía mucho e hizo que mi pene se levantase al momento, marcándose en mi pantalón de deporte y haciéndoselo notar a Adrián, el cual sonrió traviesamente y siguió besándome mientras me sentaba en el banco del vestuario. Yo saqué mis manos del pantalón y volví a acariciarle la espalda y el pelo, mientras él seguía bajando con sus besos, primero por mis pectorales, después por mi abdomen y después siguió lentamente el pequeño sendero de vello que me crecía desde cerca del ombligo hasta mi pubis, lo cual me hizo suspirar de puro placer. Si no lo conociese, diría que no era la primera vez que Adrián hacía esto. O a lo mejor me equivocaba. Fuere como fuere, siguió hasta llegar a la cinturilla de mi pantalón el cual bajó cuidadosamente, dejando solo mis boxers ajustados que mostraban la tremenda erección que estaba teniendo.
-Veo que te está gustando, ¿eh? – Susurró Adrián sonriente.

-Buff… dios, no sabes cuantas veces he soñado con esto. Sigue por favor.- Dije casi gimiendo.

-Ja, yo también he soñado con esto desde hace mucho, tantas veces que ya sé cómo hacerlo.- Dijo a la vez que me quitaba el calzoncillo, haciendo que mi polla se alzase como un mástil.

Adrián se arrodilló y acercó su cara a mi polla, y mientras yo le acariciaba suavemente el pelo, él empezó a besarla. Primero empezó por mis huevos, lo cual me hizo estremecer y suspirar de placer. Mientras me miraba, Adrián empezó a besar la base de mi pene y fue subiendo lentamente, haciendo que disfrutase de cada segundo, mientras me masajeaba las bolas. Empezó a chupar mi glande, que tenía un poco de pre-semen, el cual se tragó en un momento y siguió metiéndose mi polla en la boca. Era mi primera mamada y también la mejor sensación que había sentido en mi vida: Notaba como su boca caliente y húmeda me envolvía, haciendo que me olvidara de todo, estimulando con su lengua cada centímetro de mi carne.

-¡Dios sí!- gemí. No me creía lo que estaba pasando. Adrián siguió impasible hasta que se tragó mis 16 cm de carne y aguantó, lamiendo con su lengua húmeda, estimulándome. Eso me hizo gemir en voz alta. Pero lo podía hacer ya que en el colegio no había nadie.

Se sacó mi polla de la boca, dejándola bien lubricada con su saliva.
-Joder Adrián, que bien la mamas. Deja que te recompense.- Dije suspirando y sonriendo. Lo levanté y lo puse frente a mí. Empecé a besar y chupar su suave abdomen que tanto había deseado. Le miré a la cara y lo vi sonriendo:
-Venga sigue, a ver si lo haces tan bien como yo.
Le bajé los pantalones y los calzoncillos del tirón lo que dejó me dejó ver su perfecta polla: un pene blanco de unos 15 centímetros, con un glande rosado asomando por un prepucio de piel lisa, poco pelo púbico, debido a su tardío crecimiento y unos huevos que le colgaban en perfectas bolsitas de piel tersa. Una delicia vamos.

Empecé acariciando sus bolas y mientras jugaba con ellas empecé a masturbar lentamente a mi amigo, sacando su glande que empecé a chupar y a succionar. Eso estremeció a Adrián y le hizo gemir suavemente. El momento con el que tanto había fantaseado se estaba haciendo realidad y sin pensármelo dos veces, me metí de golpe el tesoro de Adrián en la boca. Era deliciosa. No era demasiado gorda por lo que pude estimular perfectamente cada centímetro de su verga con mi lengua húmeda. Aguanté con ella dentro hasta que no pude más y la saqué. Entonces empecé una mamada digna del porno, aumentando poco a poco el ritmo, lamiendo toda la polla de mi amigo, succionándola, haciéndole gemir de puro placer.

Placer que nos envolvía a los dos tanto que no nos dimos cuenta de que una tercera persona nos observaba desde la puerta del vestuario. Es persona era Fran, uno de nuestros mejores amigos. Pero, ¿qué hacía allí?
-Veo que os lo estáis pasando bien, ¿eh putitas?-Dijo sonriendo, apoyado en la puerta. Esa sonrisa de malota me ponía a cien, porque Fran era otro centro de mis fantasías. Simplemente era el chico ideal: Piel morena, un pelo rubio pardo, ojos verdes con reflejos amarillos y un cuerpo de escándalo cincelado por todo el deporte que practicaba desde pequeño.

-Que… ¿Qué haces aquí?-Pregunté entrecortadamente mientras me levantaba del banco y alejaba el pene de Adrián de mí, el cual se intentó tapar con lo primero que encontró.

-Nada, salía del aula de castigados y escuché unos gemidos de placer y decidí acercarme a ver si merecía la pena unirme. Y veo que sí.- Dijo mientras se acercaba a nosotros. Yo le seguí el juego así que sonreí pícaramente y le acerqué a nosotros.

-¿Quieres jugar con nosotros?- Dije inocentemente, haciendo que Adrián se destapase y se acercase a mí. –Entonces desnúdate, tienes que estar igualado con nosotros.

Al decir esto Fran se desnudó al momento dejándonos ver su delicioso cuerpo y su aún más deliciosa polla erecta, morena, circuncidada y decorada con escaso vello rubio.

-Bueno, ¿quien empieza? Mi novia no me da mucho placer últimamente.- Dijo acercándose a nosotros, balanceando la polla.

-Tranquilo, nosotros lo haremos mejor.- Dije sonriendo y acercándolo a nosotros.

Adrián y yo empezamos a chuparle frenéticamente la polla, sin previo calentamiento, ahí noté que había deseado la polla de nuestro amigo tanto como yo. Nos repartíamos el delicioso tesoro entre los dos, coordinándonos entre sus bolas y su verga, la cual succionábamos sin parar, sacándole gemidos de puro placer mientras manoseábamos su cuerpo, acariciando su culito, pellizcando sus duros pezones y sobando sus abdominales.

-¡Joder SI!- Gritaba Fran todo el rato. Adrián y yo empezamos a besarnos mientras jugábamos con la polla de nuestro amigo. Esa sensación era inimaginable: la verga caliente de Fran mezclado con los suaves y húmedos labios de Adrián me estaban poniendo a cien. Empecé a masturbar a Adrián, la polla del cual estaba como una piedra.

Pasado un rato de mamadas, pajas, saliva y sobarnos por todos lados, Fran dijo:
-Bueno putitas, ahora os daré lo vuestro.- Dijo Fran, sudando, haciendo que sus músculos se marcasen en su piel morena y nos sentó a los dos en el banco y se arrodilló frente a nosotros. Empezó a masturbar nuestras vergas, duras como rocas, deseando ser tocadas por aquellas manos de ángel, presionándolas, calentándolas, dándonos placer incontrolable, haciendo realidad nuestros deseos más profundos, mientras Adrián y yo nos besábamos a duras penas por el placer que nos hacía gemir fuertemente.

Mi cuerpo no podía aguantar más, era demasiado. Así que dije:
-Joder, ¡preparaos que viene mi leche!- Dije suspirando, estremeciendo mi cuerpo. Sentía como mi polla se ponía súper dura y como el semen empezaba a subir por ella. Adrián acercó su cara a mi verga y la empezó a chupar mientras Fran seguía haciéndome una paja frenéticamente.

-¡¡SI!!- Grité de puro placer. Chorros y chorros de leche caliente salieron de mi polla, salpicando la cara de Adrián, la de Fran y mi abdomen. Pero no era el único que iba a estallar. Adrián también gritó y sin avisar, un mar de leche salió de su polla, mientras gemía como un loco y llenaba todo mi cuerpo de semen caliente. Le empecé a masturbar cariñosamente, mientras las últimas gotas de semen salían y su cuerpo empezaba a relajarse. Ahora solo quedaba Fran, que se estaba masturbando como un loco. Así que le empezamos a sobar como antes y entre gritos de placer, gemidos y tensión de su cuerpo, se corrió en nuestras caras, dejándolas manchadas de leche caliente, así que empecé a chupar de la cara de Adrián: era deliciosa. Adrián y yo nos besábamos mientras sonreíamos y chupábamos el semen de nuestro amigo de nuestras caras. Fran se sentó a mi lado y también acarició y chupo nuestro semen que había esparcido por todo mi cuerpo. Finalmente, Adrián y Fran acabaron relamiendo mi cuerpo, sin dejar ni una gota de nuestra leche caliente mientras yo les acariciaba, rendido, sus cabezas cariñosamente.

Cuando nos dimos cuenta, ya se había hecho de noche y había dejado de llover. Nos lavamos brevemente los restos de semen y nos fuimos del vestuario. Por suerte no había nadie más alrededor.


Después de esto seguimos siendo muy amigos, incluso diría que más que antes. Creo que sobretodo fueron encuentros posteriores lo que nos unió más ;) 


Me encantaría leer que te ha parecido! Puedes dejar tu opinión en un comentario, y no hace falta registrarse ni nada :D

Contacto: greenlook15@gmail.com   Twitter: @greenlook

22/7/13

De pajas con los colegas (I): La leche de Germán

Esta historia ocurrió hace un par de años, cuando era más joven e inocente y recién empezaba a descubrir que me gustaban los rabos. Era una tarde de verano y estaba aburrido en mi casa, como suele pasar en los días de verano de un adolescente sin obligaciones. Me conecté a Facebook y vi que Germán, uno de mis mejores amigos por aquel entonces, estaba conectado. Así que le propuse que viniera a mi casa a pasar el rato. Él aceptó sin protestar ya que estaba aburrido igual que yo, así que en diez minutos se presentó en mi casa. Cuando fui a abrir la puerta, ya que estaba solo porque mis padres trabajaban hasta tarde, me encontré a mi amigo, no muy cambiado desde la última vez que lo vi en clase, lo único nuevo era su corte de pelo, ahora lo tenía más corto y llevaba una especie de tupé. La verdad es que Germán era un chico bastante guapete, un año mayor que yo, pero igualmente nos llevábamos muy bien. Era más alto que yo, con la piel blanca,  pelo azabache, corto pero tupido, nariz respingona, unos labios bermejos y finos,  un pequeño brillante en la oreja que le daba un aire de chico malo y unos ojos negro  profundo dignos de la ciencia-ficción. En cuanto a su físico, lo irás descubriendo a medida que vayas leyendo. Lo invité a pasar dentro:
-¿Estamos solos en casa? -  Preguntó asomándose fugazmente a una habitación.
- Eso parece – Dije mientras cerraba la puerta de la calle y me dirigía a mi habitación. – Bueno, ¿qué quieres hacer? – le pregunté mientras nos sentábamos los dos frente al escritorio donde se encontraba mi ordenador.
- No sé, podríamos jugar a algún juego on-line gratis, de estos que hay por Internet. – Dijo mientras buscaba una página de juegos que frecuentaba.

Así estuvimos alrededor de una hora, matando bichos, saltando de plataformas y recolectando monedas. Más tarde cuando me empecé a aburrir de eso le dije:
-Bueno, con tu permiso, me voy a quitar la camiseta, porque el calor que hace aquí es insoportable. Tú también te la puedes quitar si tienes calor.- Le dije mientras dejaba al descubierto mi torso desnudo, que mi creciente madurez estaba empezando a moldear.
Él también se quitó la camiseta y así pude ver su cuerpo de piel blanca, marcado suavemente por unos abdominales y unos bíceps en desarrollo, junto unos pectorales adornados con unos pequeños pezones rosados.
-Guau, estás fuerte, ¿eh chaval? – Le dije bromeando.
- Ja ja, bueno últimamente estoy haciendo un poco de ejercicio: abdominales, flexiones… ya sabes.
-Bueno, y eso no te impedirá comer algo para merendar, ¿verdad?
- ¡Eso nunca! – dijo riéndose y levantándose para ir a la cocina a por algo que engullir.
Después de comer, nos quedamos pensativos en silencio durante un rato sin saber qué hacer, hasta que Germán dijo:
-Oye… ¿sabes a qué hora vienen tus padres? – me preguntó entrecortadamente.
- Pues supongo que para las siete o así, todavía tenemos una hora y algunos minutos para nosotros.
- Vale pues entonces… te voy a preguntar una cosa… Tú… ¿tú te haces pajas? – Preguntó tímida pero directamente.
- ¿¡Pajas!? – le pregunté extrañado. Lógicamente sabía lo que eran, y me las hacía periódicamente, pero su pregunta me extrañó como si nunca hubiese escuchado esa expresión. Supongo que no me lo esperaba de él.
- Si, ya sabes, hacerse una paja… masturbarse… - Musitó, como si creyese que no debería estar hablando del tema.
-… Sí… sí que me hago, ¿por? – Admití. Era la primera vez que se lo decía a alguien en persona.
-¿Y qué tal si nos hacemos una mientras vemos algún video porno?- Me preguntó acomodándose el paquete, que lo noté más abultado de lo normal. Eso me hizo sonreír pícaramente. La verdad es que tenía muchas ganas de ver un pene de otro chico de cerca, y del suyo precisamente corrían rumores de que era muy grande para su edad, cosa que descubriría dentro de poco.
- Vale, hoy no me he hecho ninguna. Así que venga, elige tú el vídeo.
Entró en varias páginas porno, hasta que puso un vídeo de un tío musculoso follando con una tía de tetas grandes.
Nos bajamos los pantalones hasta las rodillas mientras empezábamos a acariciarnos nuestros bultos por encima de los calzoncillos. El suyo era muy grande comparado con el mío, el cual se estaba empezando a poner duro. Pasado un rato, paró de acariciarse y se la sacó. No podía creer lo que estaba viendo. Su pene era más grande de lo que había imaginado: Tenía vello negro y frondoso que le rodeaba todo el pubis y cubría sus huevos, la polla podía medir sin problemas unos 17 o 18 cm, estaba dura, un poco venosa y su prepucio escondía un gran glande. En definitiva, era el pene de un actor porno en el cuerpo de un niño de 15 años.

-¡Joder! ¡Sí que la tienes grande! Mira la mía.- Dije mientras sacaba mi pene erecto (en parte por el porno pero también por ver el falo de mi amigo). Mi pene no es cosa del otro mundo, mide unos 15 cm, circuncidado y con un poco de pelo púbico. Lo normal para esa edad.
-Ja ja, bueno cada uno tiene lo que tiene.-  Dijo sonriendo mientras lo movía, enseñándomelo orgulloso.- La tuya está bien para tu edad. ¿Me la dejas ver?
Entonces hizo algo que nunca creí que me iba a ocurrir: Me cogió el pene. Lo palpó y después me lo agarró como si me fuese a hacer una paja, aunque no lo hizo.
-¿Me dejas tocar la tuya?- Le pregunté. Él asintió y acerqué mi mano al monstruo. La rodeé con mi mano, que casi no se podía cerrar, e hice lo mismo que él: subí y bajé mi mano a lo largo de su polla, lo que hizo que su prepucio bajase y dejase al aire un glande grande y rosado. Sentir aquella cosa entre mis manos era algo que no había experimentado nunca antes. La notaba caliente, dura y palpitante, con ganas de ser vaciada.
-Joder, tienes una buena polla.- Le dije mientras nos empezábamos a pajear viendo el vídeo. Al cabo de un rato en la pantalla se veía como la mujer le comía los huevos a un actor sudado y jadeante.
-Uff… ¿nunca has probado a chuparte la polla a ti mismo? ¡Es imposible! Pero debe ser la ostia poder hacerlo.- Me dijo mientras hacia la coña de intentar chupársela.
En ese momento pasó por mi cabeza hacerle una mamada a Germán. No. Al menos no por ahora. Era la primera vez que nos hacíamos una paja y no quería poner en peligro poder volver a repetir esto. En cambio respondí: - Ya, debe de molar, pero es imposible.- Dije sonriendo, mientras me seguía masturbando.

Seguimos pajeandonos y de vez en cuando miraba la polla de mi amigo, grande, enorme, mientras la sacudía entre sus manos. Me di cuenta que me ponía muchísimo, pero ahora no era momento para ponerme a preguntarme porque. Era el momento del orgasmo. Noté como mi cuerpo empezaba a estremecerse y mi polla se sensibilizaba:
-Joder, ¡creo que me voy a correr ya!- Dije entre suspiros
-Espérate un poco y nos corremos a la vez.- Dijo Germán mientras aumentaba el ritmo de su paja. La mano iba de arriba a abajo de su polla frenéticamente, friccionándola, dándole placer. Yo  reduje el ritmo de mi mano, haciendo ahora un movimiento lento pero placentero.
-¡¡Ya ya YAA!!- Gritó Germán. Entonces me puse en marcha e imitándolo, aceleré mi mano.
“AAAAHHHHH!!!!!” gritamos los dos a la vez. Un placer intenso hizo salir de mi polla un pequeño chorro de semen claro que se extendió por mi abdomen. Pero de la polla de Germán salieron varios chorros de leche blanca, que le mancharon la cara y el cuerpo.
Los dos nos quedamos estirados en la silla, jadeando, mirándonos las pollas mientras las seguíamos tocando. Todos nuestros músculos se relajaron y nos incorporamos. 

Miré su cuerpo, la tensión había marcado más sus músculos, que ahora estaban cubiertos por caminos de leche recién exprimida.
-¿Alguna vez has probado el semen?- Me dijo Germán mientras observaba unas gotas de lefa que le habían quedado en la mano.
-No… ¿a qué sabe? –Pregunté mientras miraba el pequeño charco que había en mi ombligo.
-Pues no sé cómo explicarlo… pruébalo- Me dijo mirando el rastro de mi semen.
Cogí un poco de mi leche con el dedo. La miré. La verdad es que me había preguntado a que sabría, pero nunca me había atrevido a probarlo. Lo acerqué a mi nariz. No olía a nada. Entonces me metí el dedo en la boca y lo saboreé: sabía afrutado, un sabor que me sorprendió mucho. La verdad que me gustó, así que me acerqué a Germán y le dije:
-Está bien, ¿a ver a que sabe el tuyo?- Y sin avisar empecé a chuparle un pezón recubierto de semen. El suyo sabía mucho mejor, era afrutado pero más dulce, pegajoso y caliente.
Germán se quedó inmóvil, hasta que reaccionó y apretó mi cabeza hacia su pecho mientras suspiraba entrecortadamente. Le gustaba y a mí también, así que yo seguí mamando el pezón y después pasé a chupar sus pectorales, llenando mi boca de su dulce leche. Cada chupetón sacaba un suspiro de placer en Germán. Le besé tiernamente los pezones mientras él me acariciaba el pelo. Levanté la cabeza y me quedé mirándole a los ojos. En ese momento iba a decir algo, pero alguien llamó al teléfono. Eran mis padres. En cinco minutos llegaban a casa. Se lo dije a Germán y rápidamente nos lavamos y vestimos. Le acompañé hacia la puerta y antes de cerrarla me dijo:
- Lo que ha pasado…
-Tranquilo, ya hablaremos.


Y este ha sido mi primer relato. Me encantaría que dejases tu opinión y consejos para mejorar en un comentario.

Dentro de poco habrá más relatos, así que… ¡estad atentos!

Contacto: greenlook15@gmail.com   Twitter: @greenlook